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MÚSICA

Este cielo azul

sep. 16, 2007 00:00

en Opinión

Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - Este cielo azul

Homero
«Tal vez / de tanto usar el gris / te ciegues con el sol...» (‘Quedémonos aquí’). «Tu forma de partir / nos dio la sensación / de un arco de violín / clavado en un gorrión...» (‘Oyeme’). «Cruel en el cartel, / la propaganda manda cruel en el cartel...» (Afiches’). «Era más blanda que el agua / que el agua blanda...» (‘Naranjo en flor’).
Estos versos no fueron escritos por un letrista común y corriente, fueron escritos por un poeta especial, una rara avis dentro el tango, que nos dejó letras (poemas) inolvidables. Homero Expósito fue un vanguardista de su época, su sólida formación (hablaba varios idiomas y había cursado casi toda la carrera de Letras) le permitió transitar por vericuetos poéticos no visitados en la letrística tanguera. Abonaba su inspiración con la transpiración: se obligaba a escribir todos los días por lo menos un soneto.
Ya en su época de estudiante secundario dominaba muy bien dicha técnica, muy pronto se dio que la canción sólo estaba a dos versos del soneto. Esta gimnasia le permitió escribir un gran número de letras de las cuales muchas de ellas se conocen con música de su hermano Virgilio, o con Domigo Federico, Armando Pontier, Osmar Maderna, Héctor Stamponi, Atilio Stampone y otras glorias del tango.
Homero Expósito decía que era un zarateño nacido en Campana y campanense de Zárate porque siendo sus padres de Zárate, fue a nacer a la casa de su abuela materna en Campana. Cuenta su hermano Virgilio, seis años menor, que cuando Homero tenía quince años su padre lo mandó solo a Buenos Aires. Apenas se bajó del tren, caminó derecho por Maipú y se encontró con dos casa de música. Allí compró discos y partituras de George Gershwin y Duke Ellington que les ampliarían el panorama de la música popular. Comenzaron a componer cuando Homero tenía 17 años y Virgilio 11. «Lo primero que compusimos seriamente fue uno de los últimos tangos que nos estrenaron, ‘Maquillaje’, cuando yo tenía catorce años - cuenta Virgilio - Lo que mi hermano dijo en ese tema, a los veinte, es terrible. Está basado en Leonardo de Argesola, que decía: ‘Porque este cielo azul que todos vemos / no es cielo ni es azul / ¡lástima grande que no sea verdad tanta belleza!’».
Homero fue hombre de la noche. Siguiendo la tradición de su padre, tuvo varios emprendimientos gastronómicos, el primero en Zárate, luego en Mar del Plata con resultados dispares. En 1945 se radica en Buenos Aires para trabajar en el seno de SADAIC junto a un tal Homero Manzi. A comienzos de los 50 viaja a Europa. Madrid y principalmente París lo acogen. Mientras trabaja como copista para la Opera de París continúa componiendo junto a Virgilio a través de la correspondencia. En 1957 Homero regresa al país por la enfermedad de su padre, deja las letras para dedicarse de lleno a la gastronomía, recién en 1966 retomaría la composición.
Homero era todo un personaje, usaba camisas extravagantes, unos raros peinados (nuevos) y un collar de oro con una libra esterlina colgando. Fumaba y bebía en abundancia. «El vino debe ser zurdo, nadie sabe la razón. Nadie sabe la razón pero para mí el vino es zurdo, porque siempre que me encurdo, me encurdo el corazón», solía decir.
Posiblemente ‘Naranjo en flor’ sea el máximo logro de los hermanos Expósito. «En este tema hicimos letra y música al mismo tiempo, y no empezó por la primera parte sino por la segunda - recuerda Virgilio - Homero me pidió que le pusiera música a unos versos: ‘Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir, por fin andar sin pensamiento’. Yo le contesté: ‘Ahí está toda la canción, ya lo dijiste todo, ¿qué vas a inventar ahora?’. Después llegamos a la conclusión de que no era una primera parte sino una segunda. Nunca empezábamos las canciones desde el principio. Con ‘Naranjo en flor’ nos planteamos que, ya que la segunda parte tenía tanta letra, la primera debía tener pocas sílabas, para que el cantante que lo interpretara no se volviera loco haciéndolo».
Meticuloso y perfeccionista, Homero repasaba y trabajaba sus letras una y mil veces. Su esposa Nelly, que todavía conserva partituras y letras inéditas, recuerda, por ejemplo, que hizo 63 versiones de ‘Chau no va más’ (el último tango que compusieron los hermanos Expósito en 1980). «Es que no quiero que después venga ningún boludo a decirme que la coma está mal puesta» argumentaba.

Virgilio
Homero murió en septiembre de 1987, Virgilio le sobrevivió casi diez años. A fines de los 80 las nuevas generaciones le brindaron su bien merecido reconocimiento. Cuando Virgilio bordeaba los 70 años, Litto Nebbia lo rescató para su sello Melopea y lo hizo debutar como cantante, con su piano, en «Cancionística» (1991). «No es fácil cantar. Más que una buena voz, hay que saber meter los acentos en los lugares exactos. Y cantar sin vibrato, que no es para el tango», explicaba con su personal vozarrón.
Grabó ‘Naranjo en flor’ junto a Juan Carlos Baglietto y también lo hizo con Andrés Calamaro. Un día, Charly García le espetó: «Los hermanos Expósito son como los Mick Jagger y Keith Richard del tango». Caetano Veloso le graba ‘Vete de mí’ en «Fina estampa» (1994) (Ya se lo había grabado Bola de Nieve entre otros 300 intérpretes).
Raúl de la Torre lo convoca para «Funes, un gran amor», película que se desarrolla en Zárate. Virgilio compone la banda de sonido y participa como actor encarnado a un personaje muy parecido a su padre.
Para Melopea también graba «Melódico» (1993) que incluye ‘Batilana’, una letra inédita que Homero le regaló a Nebbia y que musicalizaron el propio Litto y Virgilio.
Junto a su hermano Homero conformaron una poderosa dupla componiendo esos tangos que están para siempre con nosotros (hay que destacar también ‘Fangal’, con música de Virgilio y letra de Discépolo), pero también compusieron boleros y temas nuevaoleros como ‘Piti Piti’ y ‘Eso’ que interpretaron Billy Cafaro entre otros cantantes de la época.
Hombre de declaraciones polémicas, Virgilio metió el dedo en el ventilador en 1993 cuando declaró que el músico Alberto Castellanos era el principal responsable de la obra de Carlos Gardel y hasta llegó a dudar de la heterosexualidad del zorzal criollo. Despotricaba contra los poetas de ocasión y contra el público del tango: «Se ha estancado, y así festeja que el cantor siga pateando el suelo como hace cuarenta años, cuando pateaba el escenario porque los que estaban bailando no lo atendían. Entonces el cantor se engolosina y busca el aplauso en el final. Y no le importa que ese final sea bajo, cadencioso, como el de ‘Mi noche triste’. Él, igual, pega un alarido y gana un mal aplauso y siembra el desconcierto».
(Fragmento de ‘Chau no va más’)
¡Chau no va más!
Es la ley de la vida devenir
¡Chau no va más!
Ya gastamos las balas y el fusil.
Te enseñé como tiembla la piel
cuando nace el amor,
y otra vez lo aprendí,
pero nadie vivió si matar,
sin cortar una flor, perfumarse y seguir.
Vivir es cambiar...
¡Dale paso al progreso que es fatal!
¡Chau no va más!
Simplemente la vida seguirá...

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