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CARLOS SKLIAR

Pedagogía del “lento” en tiempos de aceleración

oct. 25, 2017 12:25

en Educación

Diario La Mañana de Bolívar - Educación - Pedagogía del “lento” en tiempos de aceleración

“La infancia es esa forma de experimentar el tiempo que debiera durar toda la vida”, dijo Carlos Skliar en un momento de su disertación del martes en el 12 Encuentro educativo que se está desarrollando en Bolívar hasta el viernes inclusive.

La conferencia que dictó el prestigioso especialista en educación recorrió tres o cuatro aspectos esenciales, ligados a qué significa enseñar, a la relación mundo-vida y a cómo ser un buen profesor.

Transitó por la filosofía de los griegos, por la literatura de Witold Gombrowicz y Melville, con sus miradas acerca del “no podermiento” o el “preferiría no hacerlo”, y la literatura política de Hannah Arendt, quien hablaba de que educar es enseñar el mundo y que hay que amar a los demás lo suficiente.

Skliar también rescató la figura del alumno “lento”, “relajado”, “perezoso”, ese que ha sido (y sigue siendo) el más perseguido y el “derecho a la pereza”.

Para el especialista, estos temas son “motivo de alerta de esta época; me parece que hay que pensarlas mucho, hay que parar a pensar que son las de qué significa enseñar, y tratar de entender ese término desde el lugar del profesor, como aquello que es su responsabilidad, frente a la pregunta o la expectativa de los estudiantes a propósito de ser alguien o algo en la vida o en el mundo, y que suponen  que la escuela les dará y que no les da ningún otro lugar, en su especificidad formativa que la escuela crea”.

En cuanto al segundo eje de su disertación, Skliar explico que “tuvo más que ver con poner en tela de juicio esa relación entre mundo y vida, si vamos la escuela para aprender a conocer el mundo, a salir al mundo y aprender a vivir o si hoy habría que empezar a pensar que frente a un mundo muy mercadológico y muy individualista y competitivo la escuela debe enseñar a vivir tratando de proteger la vida de ese mundo”.

Finalmente intentó responder a la pregunta cómo ser un buen profesor en esta época tan contradictoria, tan difícil, tan ardua en lo que el mundo le exige a la escuela y en lo que la vida le exige a la propia vida.

¿De qué época estamos hablando? A qué “tiempos” se refiere?

-Siempre que hablamos de “este tiempo” uno comete el error de creer que hay un único tiempo; mientras que todas las épocas tienen una metáfora para explicarse a sí mismas y esta es una época que la bibliografía la retrata como de aceleración del tiempo, un tiempo sin descanso, utiliario, de provecho, un tiempo sin tiempo, pero también que utiliza la idea del tiempo ocupado o la idea del tiempo al servicio del trabajo aun mostrando que la gente no trabaja lo que quiere. Es una época que se llama de transición permanente porque no se sabe a qué conduce y todo el tiempo te da la sensación de cambio. Por eso se la define así a diferencia de otras épocas caracterizadas por otro ideal de sujeto, de experiencia con el tiempo, de trabajo, de ocio. Este es el tiempo de la aceleración, básicamente. 

¿Qué relación tiene con la descripción de Zygmunt Bauman respecto las sociedades y relaciones “líquidas”?

-El no llegó a describir esta última parte de lo que él hablaba como lo que ya no era sólido. No era sólida la idea de sujeto, no era sólida la idea de la comunicación, ni del amor y por lo tanto él predijo ese derrame de los conceptos trascendentales que hasta entonces servían para describir lo humano. Pero él necesitó otro tipo de autores, más críticos culturales que sociólogos, para poder explicar aquella parte que el no pudo explicar, que es que todo eso ocurre bajo el imperativo de la auto realización empresarial y la necesidad de felicidad banal que tiene esta época.

¿Cuál es el aporte desde el campo de la educación para profundizar en este análisis de la época?

-La educación se afilia a otras disciplinas; no sé si tiene una disciplina propia o uno puede hablar de filosofía de la educación, sociología de la educación o economía de la educación. Por supuesto que reivindico la filosofía y la literatura como la necesidad de trascendencia primero y después de ficción, para poder pensar la realidad y en ese sentido creo en una educación literaria , en una educación filosófica, quizás recordando tiempos muy remotos.

¿La literatura, la ficción, de la filosofía constituyen esos espacios de infancia que están vedados en el mundo adulto?

-Eso llamado infancia es el arte, es la ficción, es el hábito de imaginar que después nos arrancan las necesidades, las circunstancias, el trabajo, la desdicha. Pero llamamos infancia a esa particular experiencia con el tiempo libre que algunos definen más claramente como liberado del tiempo de trabajo o liberado del tiempo adulto del trabajo, por lo tanto mantiene el tiempo donde la invención y la ficción juegan un papel fundamental. La idea de metáfora.

El descanso que hacemos en una sociedad acelerada, es  la idea de ocio, no de tiempo libre. Es el ocio del tiempo del imperio romano, es decir cómo podemos compensar el cansancio excesivo que tenemos. Infancia no refiere al tiempo de trabajo, es otro tiempo. En el tiempo libre uno no descansa, hace otra cosa.

¿Qué relación hay entre la teoría de la educación o todo esto que usted plantea y su reflejo en las aulas que a veces parece tan disociado?

-Intento disimular esa distancia, porque creo que no se puede hacer sin pensar ni pensar sin hacer. Yo no sé a quién le ha servido esta distancia entre teoría y práctica, pero a mí no me sirve. Creo que a los maestros tampoco, que cuando subestiman la teoría porque ellos son los que trabajan día a día, deberían trabajar pensando, deberían tener tiempo para pensar lo que hacen así como nosotros tenemos tiempo para hacer lo que pensamos. Yo intento anular esa distancia todo el tiempo y si hay distancia es porque la teoría o la práctica están equivocadas.

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