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PSICOLOGIA INTEGRATIVA

Huida en la sombra o postergación de la mirada

abr. 25, 2010 00:00

en Información General

Había un hombre que se alteraba tanto al ver su propia sombra, y se disgustaba tanto con sus propios pasos que tomó la determinación de librarse de ambos.
El método que se le ocurrió fue huir de ellos.
Así es que se levantó y echó a correr. Pero cada vez que bajaba el pie había otro paso, mientras que su sombra se mantenía a su altura sin dificultad alguna.
Atribuyó su fracaso al hecho de que no estaba corriendo con suficiente rapidez.
De modo que empezó a correr más y más rápido, sin detenerse, hasta que finalmente cayó muerto.
No se dio cuenta de que, si simplemente se hubiera puesto a la sombra, su sombra se habría desvanecido, y si se hubiera sentado y quedado quieto, no habría habido más pisadas.
Cada uno habita su propia sombra.  Cada uno "es" un conjunto de  sombras a la vez. La oscuridad y la sombra son diferentes. La oscuridad es negación de luz. La sombra -en cambio- requiere de luz. Sin ella, la sombra no existe, no puede marcar su contraste. Esto que sucede en el ámbito físico también acontece en el plano psicológico y espiritual. La sombra sólo queda expuesta cuando irrumpe la manifestación de la luz.
Reflexionar acerca de nuestra "sombra"  es otra manera de hablar de nosotros mismos. La sombra que tenemos y que proyectamos es también la sombra que somos. No es algo exterior. En su mayor parte -psicológicamente hablando- la sombra está compuesta de deseos, impulsos o motivaciones no permitidos, fantasías, resentimientos, miedos y heridas. También entran en la sombra, los talentos, dones, capacidades, potencialidades que han sido anulados, postergados o negados por alguna razón
Muchas veces encontramos en nosotros mismos -en nuestra vida cotidiana, en nuestra relación con los demás o en el ejercicio de la propia introspección- una serie de imperfecciones, lados poco conocidos de nuestro inconciente que se van acumulando como diminutas partículas de polvo que sólo se ven cuando son  atravesadas por un rayo de luz.
Son esas realidades -que están en nosotros mismos y ejercen su propia influencia, que no siempre vemos sino solamente cuando existe alguna luz interior  incluso una crisis que las ilumina- es lo que la psicología y la espiritualidad llaman "la  sombra".
Cuando no podemos cambiar una situación conflictiva, o no tenemos con quien conversarla o hacerla conciente a través de una conversación difícil y experta quedamos ligados al "destino", o sea a un espectro de determinismo y fatalidad que nos va a mantener esclavizados y separados de nuestra identidad, siendo extranjeros en nuestro propia tierra.
Se observa un desencuentro con nosotros mismos y  un activismo que intenta  lograr cambios existenciales, pero  termina por resultar un modo provisorio de vivir, y una huida hacia proyecciones e ilusiones que se posan como fijaciones en el mundo exterior.
Es frecuente escuchar decir: "cuando me mude todo va a cambiar", " en el nuevo trabajo, no me va a pasar lo mismo," "mi cuerpo me anulaba la creatividad"; "mi esposa tiene la culpa de …"; "mi próxima pareja va a ser que todo sea diferente", "tengo que vivir en otra ciudad para que todo cambie"; "si gano el doble todo será perfecto". Es un remolino de pulsiones, poco trabajado que nos mueve a cambiar las condiciones de lo que esta afuera, haciendo un corrimiento permanente, que agota las propias fuerzas junto con los recursos materiales y psicológicos que se tienen.
El poner máscaras a las distintas facetas de nuestra intimidad, desvía  toda posibilidad de re-conducir nuestras limitaciones humanas o nuestras frustraciones hacia una verdadera superación de las polaridades intrínsecas que habitan en nuestra psiquis.
Si hemos de crecer y cambiar tenemos que desentrañar lo oscuro que la sombra nos denuncia, con ciertos estados de ansiedad y temor.
Hacer la travesía por estos signos tanto positivos como negativos, a pesar del disgusto que  sentimos -nos permite alejar el estado de guerra con lo negado- que malogra nuestra salud y felicidad.
Cuando reconocemos nuestras sombras y nos asumimos tal cual somos  posibilitamos que  nuestros patrones de conductas, puedan ser modelados en la interacción con las cautividades que padecemos; sean sentimentales, familiares o colectivas.
Elaborar nuestros claroscuros es propiciar la libertad y el fluir de una  conciencia que es fértil, cuando vamos hacia un encuentro con lo intransferible de nuestra singularidad como son nuestros talentos, nuestra integridad y creatividad más profunda.
Parar de correr y crear una nueva mirada. Es ya empezar a cambiar.

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