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OPINION

No guarden los pañuelos

ago. 10, 2018 12:06

en Información General

El miércoles me levanté con un nudo en el estómago porque se sabía que los senadores rechazarían la media sanción. Además en Bolívar diluviaba y eso era una amenaza para la movilización. Que al final no era tal amenaza porque las pibas dijeron “vamos con paraguas, con sombrillas, pero vamos”.

En Ni Una Menos somos un par de mujeres grandes y la mayoría chicas muy jóvenes, cargadas de argumentos, muy movilizadas por el feminismo y convencidas de que la lucha se da en las calles, en los colegios, en las familias. Son parte de una generación que creció sin temor a las calles y a las multitudes. Las pibas que se movieron todo este tiempo por la causa del aborto legal, las que protagonizaron la revolución de las hijas, son las empoderadas.

En la trasnoche del miércoles, senadores de la Nación le dieron la espalda a ese enorme colectivo social, en el transcurso de una sesión que generó momentos de profunda vergüenza y por qué no, un mea culpa general porque esa gente sentada en esas bancas, fue votada por la ciudadanía, no crecieron de un repollo.

Las exposiciones de muchos senadores pusieron en evidencia un grado lamentable de preparación intelectual y un estadio de involución cultural a niveles prejurásicos. El senador Rodolfo Urtubey, por caso, llegó a decir que existen "algunos casos" de aborto por violación en los que no hay "violencia".

Como si fuera necesario ampliar, lo hizo: "(...) La violación está clara en su formulación, aunque habría que ver algunos casos, porque hay algunos casos en los que la violación no tiene un componente de violencia sobre la mujer".

Tal vez el caso del hermano del gobernador de Salta fue el más ofensivo en su materialidad, pero no le fue en saga la senadora Silvia Elías de Pérez, que desarrolló una sobreactuación con cierto grado de payasesco, celebrando andar como el cangrejo. Para negar derechos, con menos sobraba. La legisladora se mostró feliz que tener “utopías” en común con senadores con los cuales en otros temas, están enfrentados. En este, en el de fosilizar el desarrollo de la sociedad pugnando por más derechos, se amigan los conservadurismos patriarcales.

Otra de las estrellas del club celeste fue la senadora Cristina Fiore Viñuales que no reparó en señalar que estaba cumpliendo la voluntad “del Señor”, sin ponerse colorada. Alguien debería comentarle que el Senado parece una iglesia, pero no lo es.

Se dice siempre que el Senado es una reserva de faunas prehistóricas, porque los senadores representan a las provincias y se prejuzga (muchas veces con acierto) que el interior del país, respecto de la ciudad capital, es más conservador y ultramontano. Los gobernadores se portan como señores del feudo, los diputados y senadores abusan del clientelismo, abunda el empleo estatal porque de esa manera mantienen rehenes políticos para uso propio. Como desde hace muchísimos años, en las provincias pareciera que la inercia de viejas prácticas se mantiene con buena salud.

Sin embargo, en la sesión en la que se trataba la ley de interrupción voluntaria del embarazo, los senadores de CABA tampoco demostraron estar en ninguna vanguardia; la mayoría votó en contra.

El país se debate en una gran tensión entre los resabios de esa vieja sociedad patriarcal, vetusta, misógina, y el impulso de las nuevas generaciones que hacen del empoderamiento una práctica concreta. Todavía hay muchos que pretenden leer el movimiento feminista en clave de la vieja política, con sus agachadas y roscas dizque “esto es política”. Cristina Fernández está haciendo una buena lectura y entiende que su partido debe ser también feminista. Habrá que ver cómo le va en esa construcción, dentro de un partido que tiene mucho de patriarcal y machista y que le ha demostrado a ella misma, de cuánto son capaces “los muchachos peronistas”, si una mina se les cruza en la disputa por el poder.

En la vigilia bolivarense, que duró hasta que terminó la larguísima sesión, las chicas siguieron los discursos con bastante atención. Arengaban a los que apoyaron la ley y les gritaban mensajes contrariados a los “antiderechos”. La figura más rechazada, por lejos, fue la vicepresidenta Gabriela Michetti, el más aplaudido fue Pino Solanas, el único que habló del goce de las mujeres, un punto fundamental en el proyecto de avance de derechos, que el resto ninguneó en sus alocuciones.

Si bien se sabía desde temprano, que el poroteo no traía buenas noticias, el ánimo de las manifestantes en todo el país y en muchas ciudades del mundo, mantenía alguna esperanza de que se diera vuelta la tortilla. Pero Senadores hizo lo que venía a hacer. Escuchar a las iglesias; ponerse en el supuesto lugar de todos sus comprovincianos que en teoría son del clan “salvemos las dos vidas” ninguneando a quienes piensan diferente; enarbolar el discurso patriarcal hasta la náusea y negarles a las mujeres la posibilidad de decidir sobre su propio cuerpo.

El presidente Mauricio Macri abrió el juego para que se dé el debate y los más despiertos vieron en esa decisión, una oportuna cortina de humo. Las organizaciones lo supieron siempre, pero aprovecharon la oportunidad que se le negaba a este tema, desde hace más de trece años. Cuando la densidad de las movilizaciones hizo peligrar la cortina hasta convertirla en algo diferente de lo planeado, desde el propio seno del gobierno empezaron a tomar distancia.

El movimiento tiene en claro que no es momento para guardar el pañuelo. Los tiempos parlamentarios suponen que habrá que esperar al menos hasta marzo del 2019 para volver a presentar el proyecto de IVE, pero las mujeres de la marea verde sabemos que se perdió una votación, pero que la lucha sigue, seguramente con más fuerza.  Ahora sólo es posible avanzar.

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