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EL 13 DE ABRIL SE CELEBRO SU DIA

Pablo González, un kinesiólogo con “buenas manos”

abr. 17, 2017 14:19

en Información General

Diario La Mañana de Bolívar - Información General - Pablo González, un kinesiólogo con “buenas manos”

 Pablo González es uno de los kinesiólogos más reconocidos de la ciudad por estos días. Regresó a Bolívar hace ya varios años, luego de recibirse y trabajar en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y hoy ejerce en un local de la calle Laprida, el cual suele estar lleno de pacientes y para conseguir turno suele costar bastante.

Con sentido del humor, crítico de algunas cuestiones de la realidad y fanático de las charlas de fútbol, González pasa el día junto a sus pacientes, interactuando. No es un kinesiólogo al que uno va a aburrirse o a estar callado, al contrario, hay lugar y disposición para todo tipo de charlas.

Pablo recuerda por qué el pasado jueves santo se conmemoró el Día del Kinesiólogo: ”Se impuso el 13 de abril porque ese día se abrió la escuela de kinesiología en la Universidad de Buenos Aires, Octavio Fernández fue quien trabajó para lograr eso”.

Después, el “Topo”, como se lo conoce, narró sobre su elección de la profesión: “Tenía variadas opciones, estaba entre Veterinaria, Ciencias Económicas o kinesiología, y me decidí por esta profesión debido a su relación con el deporte, en ese momento practicaba fútbol (era arquero, mejor dicho, todavía es arquero) y eso ayudó, y una vez que me empapé en la carrera, después no tuve ninguna duda de que la elección fue acerada.

¿Dónde estudiaste, cuándo te recibiste?

- Estudié en la Universidad de Buenos Aires, empecé en 1990 y en 1996 me recibí de licenciado kinesiólogo fisiatra, tal cual el título que se otorgaba en ese momento.

¿Dónde ejerciste una vez recibido?

- Estuve 7 años ejerciendo en Buenos Aires, el 3 de marzo de2003 me radiqué nuevamente en Bolívar, hace poco se cumplieron 14 años.

¿Cómo fue esa experiencia en Buenos Aires?

- Yo me relacioné con un equipo de kinesiología que trabajábamos con pre pagas y nos tocaba atención domiciliaria, atendíamos casos variados, de traumatología, respiratorios, neurológicos; pero cuando me radiqué acá en Bolívar lo que más me gusta hacer es traumatología. Los kinesiólogos se inclinan por una especialidad, por ejemplo, los chicos que trabajan en el CRIB se dedican más a temas respiratorios, neurológicos, trabajo con amputados, en los consultorios no todos hacemos ese tipo de kinesiología, cada cual se va inclinando por una especialidad.

¿Cómo fue la decisión de volver a vivir en Bolívar?

- Más que nada me tiró lo familia, y a partir de ahí ya no me volvería a radicar en Buenos Aires ni en otra ciudad que no sea Bolívar, mi familia y yo en lo laboral estoy súper cómodo en la ciudad.

¿Notás que te has ganado un nombre dentro de los kinesiólogos locales?

- No es ganarse un nombre o no, es tratar de hacer las cosas lo más a conciencia posible y después tenés el reconocimiento, hay que tratar de solucionarle el problema al paciente que te viene a consultar.

Es una carrera de inversión permanente, no sólo de capacitación sino también de aparatología…

- Sí, el tema de la aparatología ahora está complicado con los valores, por suerte pude equiparme bien en el consultorio años atrás y actualmente no he tenido que hacer inversiones; pero está difícil para invertir. La capacitación es permanente, estoy asociado a la Asociación de Kinesiología Deportiva, por lo tanto recibo material de información contínuo y cuando puedo voy y hago los cursos en Buenos Aires o donde sea.

¿Cuánto influiste en la decisión de tu hermano Diego por elegir la misma carrera?

- Mucho, yo lo incliné a que siguiera la carrera, al principio le facilité las cosas, yo ya tenía experiencia en la Universidad. Es un beneficio tener un hermano kinesiólogo porque nos complementamos, cuando yo no puedo atender ciertos tratamos se los derivo y viceversa.

Hay muchos nuevos kinesiólogos, después de vos se recibieron varios…

- Ultimamente las carreras de auge son psicología, kinesiología, cuando yo me fui a estudiar yo sólo tenía conocimiento de Tito Iriondo como profesional a nivel local, y cuando vine estaban también los chicos de Arballo, Gilsa Sarriés, que me ayudó muchísimo al principio, me dio una mano importante. Conmigo vinieron Mariángela Gómez y Verónica Maldonado, y en los últimos años, junto con mi hermano, vinieron una camada importante de kinesiólogos. En este momento entre los que atendemos consultorio, los que están en el Hospital y el resto que hace domicilios, somos más o menos 20.

Y el sol sale para todos, digo, todos tienen trabajo…

- Sí, por suerte trabajo hay para todos, los médicos se han acostumbrado a derivar más kinesiología, el trabajo ahora es más en equipo, entre el médico y el kinesiólogo, años atrás había cierto recelo porque por ahí nuestra profesión no estaba bien desarrollada; pero poco a poco fue insertándose en todos los equipos de alto rendimiento deportivo, etc. Ahí ganamos un lugar, y hoy el tratamiento es en equipo.

Tu carácter te ayuda mucho para relacionarte con los pacientes…

- Sí, sobre todo hablo de fútbol. Aburrir no se van a aburrir, no sé si los voy a curar; pero por lo menos se van a ir con una sonrisa (risas).

¿Cuánto ayuda tener el consultorio al lado de la casa de tus padres? Pasás de largo al mediodía y siempre te alcanzan algo para distraer el estómago…

- Mis viejos fueron un pilar importantísimo para mí y para mi hermano, y siempre nos están dando una mano.

 

Siempre se envidia la capacidad que tienen los kinesiólogos para masajear pacientes en forma ininterrumpida y no cansarse, están horas así y no se los ve quejarse. En  el caso de Pablo González, por sus dotes de arquero de fútbol, además de kinesiólogo, uno puede decir que está en “buenas manos”.

Angel Pesce

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