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Una noche de cristal que se hizo libro

may. 15, 2018 10:25

en Información General

Diario La Mañana de Bolívar - Información General - Una noche de cristal que se hizo libro

Presentaron Arde la Colmena, de Sergio Sarachu.

Decenas de vecinos del común cubriendo su living de latas de cerveza para hacerse su pequeña América, y luego indignados porque las hordas ricoteras les orinaban la vereda; otros que cobraban módicas sumas para que ‘las damas de la Ricota’ hicieran sus necesidades en su patio; alguien que vendió el auto para comprar birra y choris para vender a los visitantes; representantes de una escuelita chocándose un codo nada amable al querer instalar un puesto de comercialización del alguna chuchería en inmediaciones del recital, son sólo algunas de las anécdotas que colorearon la presentación del libro Arde la colmena, de Sergio Sarachu (ver diario de ayer), el sábado en el bar Venessia.  Sarachu, que es periodista y escritor de poesía y novela, construyó un volumen de no ficción valiéndose de entretelones de la organización a los que tuvo acceso en el marco de su labor profesional, y creando dos personajes que traccionan la historia: Sara, empleada que limpia el despacho del intendente donde transcurren los encuentros claves de la mesa chica organizadora, y Paola, una periodista de un portal de noticias de la ciudad. Ambas son amigas, y desde las 200 páginas del volumen van contándonos el antes, el después y también el durante, porque como las ricoteras de ley que son las amigas concurren ‘al pogo más grande del mundo’, que el 11 de marzo del año pasado no terminó redondo.

Durante la presentación, Sarachu reveló algunos detalles de una organización que pecó de improvisada, ya que ninguno de los de la mesa chica de intendente Ezequiel Galli tenía idea de los códigos particulares bajo los que se estructura la ‘misa del Indio’. Ninguno de ellos fue jamás a un recital del cantante ni de Los Redondos, Galli quería sacar rédito político del recital más convocante del país pero no supo cómo organizarlo. Esta es la tesis de Sarachu, que además desnuda en el libro y también lo expuso en su charla del sábado en el bar de Vero Ruiz, que el intendente de Olavarría pertenecía al sector de Cambiemos más peronista, alienado con el ministro Monzó y enfrentado con la gobernadora Vidal, y que la cúpula del gobierno provincial no tuvo mayor interés en colaborar con el municipio local para garantizar que todo saliera bien, al punto que a las pocas horas de finalizado el controvertido concierto alguien de la gestión bonaerense se apersonó en la ciudad para intervenir la gestión local y ‘despegarse’ por completo del grupo Galli. A un año de aquellos convulsionados días, no queda nadie de los que conformaron el ‘núcleo duro’ organizativo, reveló el autor, salvo el intendente, al que no se destituyó en base a una negociación entre el gobierno de Vidal y José Eseverri, líder de la oposición olavarriense, que acordaron interpelar a Galli pero no destituirlo, y echar a todos los que formaron parte del armado del recital.

Otro elemento que instaló en las narices de Sarachu y de decenas de olavarrienses ‘el perfume de la tempestad’, fue el advertir en los días previos la alarmante circulación de alcohol y droga en la ciudad, que se comercializaba sin mayores impedimentos y que ingresó a Olavarría burlando con comodidad todos los controles de rigor.

 

Hubo en la tarde del sábado un segmento de intercambio entre el escritor y el público, en el que se habló de diversos aspectos del recital de Solari, por ejemplo de la labor desplegada en materia de salud por el sistema público, ya que hubo un médico entre los presentes interesado en cómo se trabajó en una coyuntura babélica signada por dos muertos y decenas de golpeados.

Acerca de las motivaciones de Galli, para quien Sarachu trabajó hasta unos meses antes del show del Indio, el autor de Arde la colmena puso su dedo en que el joven mandatario quiso capitalizar las mieles de una revancha para la ciudad con relación a lo ocurrido con Los Redondos en 1997, cuando el intendente Helios Eseverri les suspendió el recital a horas de su realización. El escritor era jefe de prensa de Eseverri en aquellos días, y reveló que no estaba de acuerdo con suspender pero a la luz de lo que se supo años después, fue lo mejor ya que el concierto quizá hubiese terminado en una tragedia. (Iba a realizarse en un predio en el medio de la ciudad, parecido a lo que pasó con el show del Indio, al que para llegar había que atravesar toda Olavarría.) Se calculaba recibir a unas 30 mil personas y no a 300 mil como recibió Solari en marzo del año pasado, pero según Sarachu la reciente desclasificación de documentos de la policía provincial reveló que las fuerzas de seguridad bonaerenses habían decidido ‘liberar la ciudad’ durante esa semana, con todo lo que hubiera implicado en un momento en el que, además, reinaba a un nivel mucho más arraigado que hoy el terror respecto de los presuntos desastres que producirían las ‘hordas ricoteras’. Hacía unos años Walter Bulacio había sido asesinado por la Policía Federal luego de una razzia en un recital de Los Redondos, lo que había hecho recrudecer la tirria entre la banda y sus acólitos y las fuerzas del orden, algo que en el ya lejano ’97 oscurecía todavía más el panorama con el que debieron lidiar Esverri y sus colaboradores.

El periodista y poeta, que en estos días se va a vivir a Neuquén, hizo referencia en otro pasaje a la carrera de funebrería (permiso) que desplegaron los medios grandes del país, históricamente enfrentados con Solari y Los Redondos por prescindir de ellos para edificar su carrera, desde que la agencia Télam publicó que había siete muertos en el predio La Colmena. A partir de ahí, se desató una carrera enloquecida por plantar más y más fenecidos durante el concierto, “al punto que la cifra era engordada minuto a minuto”, hasta llegar a topes disparatados y provocar la angustia colectiva de todo un país que trataba de ubicar a los suyos a través de una red de telefonía absolutamente colapsada.

Todo esto está en el libro, y durante la presentación en Venessia Sarachu habló entrevistado por Rodrigo Fernández, encargado del arte y espectáculos en el diario El Popular, de Olavarría. Al igual que en su trabajo y en notas periodísticas al respecto, en la charla el autor volvió a exponer su idea de que el concierto fue una fiesta para más de 200 mil personas, por encima del condimento trágico de las dos muertes, de la angustia por los heridos y del caos que se produjo sobre todo a la salida del recital. También aventuró que acaso no haya más de Solari en vivo -subrayó que admira al Indio, por su trayectoria, la singularidad de su arte y su aporte a la cultura popular de la Argentina-, porque su ‘misa’ ha cobrado dimensiones pantagruélicas que la tornan imposible de encauzar.

Además, se emitió un video con fotografías alusivas tomadas por Ale Casamayou y un videoclip con imágenes de Olavarría en esos días, decorado con frases-consigna del pre, el durante y el post concierto: ‘El Indio viene a dar misa a Olavarría’; ‘Es una revancha que se merecen la ciudad y el Indio después de veinte años’; ‘Ya no tengo más ganas de tocar, no dan más ganas de seguir así’; ‘Una noche de cristal que se hace añicos’,  entre otras.

En la apertura del encuentro, que contó con la presencia de algunos olavarrienses y de un bolivarense que asistió al recital, Julieta Martínez, en voz y viola, cantó Loco (Tu forma de ser), de Auténticos Decadentes; Zafar, de La Vela Puerca, y El tiempo no para, de Cazuza, en la versión que Bersuit Vergarabat hizo sonar hasta en las sopas del país desde principios de los noventa. 

Arde la colmena puede adquirirse en la librería El Faro, de Olavarría, encargada de su venta y distribución.

Chino Castro

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