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Ana Inés de la Hera de Pueyrredón

mar. 31, 2018 21:10

en Necrológicas

Diario La Mañana de Bolívar - Necrológicas - Ana Inés de la Hera de Pueyrredón

Su fallecimiento. 

Escribe: Walter D´Aloia.

Todo su nombre sabía a glorias pasadas, a familias ilustres, a bronces y a mármoles. Pero mas allá de los linajes y las efemérides, para todos fue simplemente Michi.

Vinculada a Bolívar desde los tiempos mismos de la fundación, se sentía orgullosa de la sangre y los apellidos que portaba y que ella sintió siempre más que como un privilegio, como una obligación. Sus antepasados la honraban, ella así lo sentía. Y ella honro su memoria, continuando una obra de amor al prójimo y de servicio a los demás, que respondía a sus valores más hondos, pero también era parte de un legado familiar que siempre sintió como un imperativo moral en su vida. Su bisabuelo don Daniel Salazar, uno de los primeros pobladores de Bolívar, fundo una familia que durante décadas ocupo un lugar expectable en los ámbitos sociales, religiosos y económicos y que se distinguió siempre por entender la caridad como un principio ineludible multiplicándose en innumerables obras en beneficio de esta ciudad. Don Daniel Salazar dejo en legado la Maternidad (hoy Casa Hogar); doña Nicolasa Salazar de Otero y su esposo fueron los fundadores y donantes de la Iglesia de la SantísimaTrinidad y sus hermanas, doña María Salazar de Vivanco y doña Carmen Salazar de Campo dedicaron mucho de su tiempo y su fortuna en obras de caridad y de asistencia a pobres y enfermos. Michi, guardaba, custodiaba, con amor y celo ese legado familiar en retratos y trajes que habian sido gala de los bailes de los Salazar a principios del siglo en la casona de la Av. Belgrano que aun se mantiene en pie. Pero también.  su sentido de pertenencia a una familia que se destaco por sobre todas en el ejercicio de la caridad por décadas marcó indudablemente su vida y su espíritu.

Licenciada en Filosofía en Bs As, regresó a Bolívar donde dedicó su vida íntegramente a la docencia, particularmente en el Colegio Nacional y en el Colegio Jesús Sacramentado donde fue rectora por largos años. Su vínculo con ese Colegio veníadesde su origen mismo, siendo su bisabuela doña Catalina Recalde de Salazar quien con otras damas trajeron en 1893 a las Siervas de Jesús Sacramentado a Bolívar para educación de sus hijas. Desde entonces el Colegio de Hermanas formaba parte de su vida. Y lo formo de tal manera, por muchos años, no fue sino “su colegio” y “sus chicas”. Entendió su tarea de rectora casi como el de una madre de familia. Sin horarios, sin fronteras.   Dueña de una profunda cultura humanística, enraizada en los mas solidos valores cristianos, sus clases eran de todos modos particulares. Quienes tuvimos el privilegio de ser sus alumnos supimos de aquellas horasdonde prevalecía la amistad, el consejo, la anécdota y el afecto. Porque Michi asíentendía la docencia como asíentendió su vida. Como un darse sin límites. Podría decir sin exagerar y sin temor a equivocarme, que de alguna manera la entendió como una maternidad. Porque fue madre de alumnos y también de docentes, siempre atenta a las necesidades mas profundas del otro.  Conservadora en sus principios, tradicional por sangre y por convicción, rompió sin embargo un esquema de educación, y cuando el temor al docente era el arma que usaban muchos en las aulas, ella uso del afecto y la confianza para penetrar las almas.

Subjetiva como la que más, apasionada como pocos, participó tanto de la política de su tiempo como de instituciones culturales y religiosas. El restablecimiento de la democracia en 1973 la encontró trabajando en Nueva Fuerza y luego en Unión Vecinal y Ucede. Y aunque su espíritu era combativo y fogoso, supo también conciliar cuando fue necesario con quienes pensaban diferente.El CongresoPedagógico de 1984 la tuvo como un referente ineludible en Bolívar. Y la Obra San José, desde su misma fundación en 1987 la contó entre sus miembros organizando bailes y fiestas de caridad aportando su consejo, generosidad y buen gusto. Sus huevos quimbos, su marquisse de chocolate y otras exquisiteces que salían de sus manos fueron  durante muchos años ofrecidos en el Restaurant Las Marcas que la Obra atendía en la Rural.

Graciosa, de un humor punzante, simpática y divertida, amiga incondicional de sus amigos y mano abierta para quienes la necesitaban.

Menuda y frágil por fuera, era un gigante interior. En sus principios, en sus valores, en sus decisiones.

Retirada ya de la docencia, cuando el tiempo comenzaba a ensañarse con su mente lúcida y su distincióninnata, después de una enfermedad breve, murió este Sábado de Gloria a las tres de la tarde, poniéndose en manos de Dios y de la Virgen con toda lucidez, hablando de principios y valores. Hablando en fin de sus amores.  Porque en su pequeñez, la inmensidad de su corazón lo llenaba todo. Y murió, de alguna manera, fiel a su vida, con entereza y gallardía, con gracia, dando catedra a quienes la rodeaban.

Quedan muchas generaciones de bolivarenses que la recuerdan entrañablemente. Como profesora, como rectora, como amiga. Porque en su pequeñez, la inmensidad de su corazónlo llenaba todo.

Michi, querida profesora, rectora, amiga, compañera de apostolados, fiel testimonio de una historia y de un Bolívar que fue, descansa en paz!

Fotos: Archivo personal de Alejandra Córdoba.

Año 1989, Ana Inés de la Hera (Michi), rectora del Instituto Jesús Sacramentado.


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