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EN EL TOBOGÁN DEL TERCER SEMESTRE - OPINIÓN

Atrapados en Chirolandia

mar. 27, 2017 14:00

en Opinión

Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - Atrapados en Chirolandia

“El producto mejor terminado del capitalismo es el pobre de derecha”.

Del facebook de Mariel Chaves

Basta de obsesionarse con Macri, hay que obsesionarse con las consabidas fuerzas fácticas de la economía y su insaciable turbina, con los que manipulan las antropofágicas fauces del capitalismo y no tanto con el muñeco que le ponen de cabeza criolla. Si un caliente día de estos el ‘Capitán Frío’ sucumbiera a la pedrada popular que lo ‘raja’ de todas las plazas, serían esas cebadas patrullas tributarias del orden económico-financiero global las que correrían a conservar su sitial, por vía de un chucky seguramente ajado, provisto de flamantes ‘sapos’, o los mismos de toda la vida con una manito de barniz, pa repartir y engatusar ‘a lo bobo’. Que si trucharon la foto del bondi con el Mauri mareado entre la ‘baranda’ a negro, que si timbrea frunciendo la ‘ñata’, que si el acento del barrio le sale mal, que si ansía arrodillarse ante los ingleses por haberle chamuscado la capa a Beresford con aceite hirviente y encima usado, que si ‘se comió la papa’ con Mirtha… Pavadas. Si te vas a volver loquito, hacelo con los que determinan los dispositivos que reproducen lo que MauMac administra en favor de los leones y con impertérrito ardor cipayo, a la Hood Robin, igualito que su antecesor directo, Menem: robar a los pobres para darles a los ricos. Concentrar la tirria en Chirola es hacerle la gauchada al macabro Chasman de los mil rostros ocultos por el mundo, es hacérsela (aún) más fácil. No te olvides que con el brutal PanaMac van por lo grueso: cuando concluyan el operativo demolición de lo (re)construido en la década y pico anterior, irán por instalar un nuevo monigote que, bajo la pátina de la restauración y mediante formas un touch más alineadas con el maleable paladar popular, selle otro naufragio nacional.

Sería simétricamente lo mismo que creer que CFK es la solución (aunque bien que en inteligencia, liderazgo, experiencia, sensibilidad y coraje, o sea en todo, ‘la yegua’ les lleva un siglo a los muñequitos de ahora, incluso a los propios). La solución es el pueblo, o no habrá remedio para los problemas del pueblo. A través de un líder, claro, del que no se puede esperar sin empujarlo a hacer. Achicar espacios con vocación ofensiva, de eso se trata. A lo Gago inspirado. Tocando de primera, jugando en equipo, haciendo circular el balón. La justicia social no viene en pastillas; no va rasgarnos la camisa con que lo colectivo es la única salida de este callejón, con que sólo nos irá bien cuando el de al lado progrese, y a la par bramar que damos la vida por Cristina, como si fuésemos adolescentes embelesados con la papada de Paul McCartney.

El asunto es militar en cada gesto cotidiano, no ver la vida pasar cual una máquina de naturalizar. Sí, militar, verbo al que han dejado cual telita de cebolla y que me combina con marcial, pero que significa lo contrario de resignarse a este alucinado antidesarrollismo en el que nos va hasta la primavera. No ser un consumidor consumido (Jorge Alemán dixit), porque cuando más consumís, quizá más consumido estás. Es que mientras el consumo suntuario sea la mejor medida de status y prestigio, como con fina lupa un abrazo al francés ‘Lupín’ Pereirá y su inoxidable adlátere el ‘Tromba’ Di Salvo enfocaba Varsavsky en los setenta, seguiremos a la parrilla los que anhelamos para el colectivo la cobertura de un modelo político-económico-social que propenda a que la distribución por fin erosione las inconmovibles murallas de la concentración.

No te ‘rayes’ con la política, eso es lo que quieren los malos. Que te indignes, te frustres, te hartes, te decepciones, y termines emparejando a la baja: “¡¡Son todos iguales, todos chorros!!”. ¿Sabés quiénes descorchan espumante cuando mordés esa envenenada carnada? Mirá hacia la Rosada y contame, y, si te da el ojo, pispeá más lejos, entre las tinieblas donde operan las manos y las mentes que mueven a las siniestras marionetas.

Ni se te ocurra asomar por los pulcros cenáculos de Corruptolandia, donde los siempre útiles mediocres, llevados de sus fáciles narices por los taimados y mientras reparten palas parapetados tras un humeante pocillo de café, dilapidan su sangre en imberbes porfías sobre quién junta más o menos “campeones” en el negro medallero. ¿Te detuviste a pensar en que el futuro se nos hizo trizas sobre la cabeza, mientras vos seguís entretenido con el gastado hueso de la corrupción que te arrojan desde la televisión? ¿Te detuviste a pensar en qué quedaría si por un período dejáramos de hablar de corrupción? Quedaría lo importante: la política. Quedaría en bolas el modelo de país que propugna cada quien y para quién elige gobernar, lo que no se debate en la Argentina ahora que con el árbol han logrado taparnos el bosque y vamos perdiendo feo. Enfrascarse en hablar de corrupción conduce a aniquilar la política, y aniquilarla es hacerles el campo orégano a los que ya te dije, así que no juegues ese podrido campeonato, que casi cualquier copa es más digna. Ponéte a salvo, hablá de política, analizá política, reflexioná política, buceá en la historia política; no te dejes desanimar, no dejes subestimar por gente que te desprecia y sólo te ve como la carne para su picadillo. (Aparte que, como berrearía todo sobreactuado el bancario Pagani en mesas de gordos que con alemana tenacidad se empeñan en su secundario papel de carceleros del milagro del fútbol, seamo’ bueno’ entre nosotros: una mayoría de ese componente social dominante que se conoce como ‘el ciudadano medio bienpensante’, ese progresismo forjado en plastilina y libros que traen respuestas cual racimos de esplendorosas frutas, siente por los ladrones de alta gama de la sociedad -incluido el pago chico, Bolívar-, una profunda, secreta y un touch culposa fascinación, así que no jodamos.) Tampoco les creas ni el buen día a los que ahora la van de encorajinados y/o atribulados, esos avisados que hoy le cargan el combustible a la moto del Che pero en la hora decisiva, hace un antonio rattín nomás, jugaron para que Macrisis sea gobierno. Y ni la tos a quienes, siempre prestos a tragarse cualquier sabiduría recalentada en microondas, todavía te ‘atajan’ con que hay que esperar. ¿Esperar qué, esperar que la tristeza te herrumbre hasta el filo de la mirada, otra vez? De arrepentidos tardíos, y de culposos que siguen frotando el fósforo equivocado, está hasta la pera el inodoro de la revolución.

Y, ya que viene a cuento, acordáte de lo que blanqueó la Thatcher a principios de los ochenta: la economía es el método, el objetivo es el alma. Tu alma, a fin de cuentas lo único que tenés, lo único que siempre se te ve.

Leí esta nota en septiembre, en la apertura de mi programa de radio, Fuga de Tortugas. Tristemente encuentro que, entre las esquirlas del linchamiento público al Indio y su gente, el ‘conflicto docente’ y los temas urgentes, cabe, por eso hoy, con cambios no sustantivos, la publico aquí.

Chino Castro

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