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Cardo o ceniza

oct. 08, 2017 17:47

en Opinión

Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - Cardo o ceniza

“Cómo será mi piel junto a tu piel, cardo, cenizas,  cómo será…

Si he de fundir mi espacio frente al tuyo

Cómo será tu cuerpo al recorrerme y cómo mi corazón si estoy de muerte…

Se quebrara mi voz cuando se apague, de no poderte hablar en el oído

Se quemara mi boca salivada de la sed que me queme si me besas

Cómo será el gemido y como el grito al escapar mi vida entre la tuya

Y cómo el letargo al que me entregue, cuando adormezca el sueño entre tus sueños.

Han de ser breves mis siestas, mis esteros despiertan con tus ríos

Pero, pero como serán mis despertares, cada vez que despierte avergonzada

Pero… como serán mis despertares, cada vez que despierte avergonzada… Tanto amor y avergonzada…”

 

Esta canción unió para siempre a dos grandes artistas de Latinoamérica, Chabuca Granda la escribió pensando en un tramo importante en la vida de Violeta Parra. ‘Cardo o ceniza’ unió a estas dos mujeres luchadoras: una, peruana, lo hizo contra los prejuicios y el mandato de una sociedad pacata y conservadora; la otra, chilena, contra los fantasmas del desamor y la abulia de parte del pueblo chileno.

El 4 de octubre pasado se cumplieron cien años del nacimiento de Violeta Parra, cantautora y compositora, escultora, bordadora y divulgadora e investigadora de la música popular chilena. Una artista integral que dejó una profunda huella en la música popular latinoamricana.

La propia Violeta cuenta en décimas su niñez: “De Santiago pa’ Lautaro con siete crías colgando, petacas y monos andando, busca mi taita reparo. Su capataz l’hizo un aro diciendo: Mire, Parrita, la cosa está aquí malita, se le traslada p’al Sur, acomode su baúl, recíbame esta platita.Mi taita fue muy letrario: pa’ profesor estudió y a las escuelas llegó a enseñar su diccionario…”.

Desde su infancia en el campo, la niña Violeta y su hermano Lalo, montaban espectáculos circenses. A los nueve años Violeta tocaba la guitarra y a los doce compuso sus primeros temas. Al comienzo de la década del treinta, tras la muerte de su padre Violeta se radicó en Santiago, invitada por su hermano Nicanor. Allí completó sus estudios y se ganaba el sustento diario con un dúo folklórico conformado con su hermana Hilda. Se casó con Luis Cereceda. El tormentoso matrimonio duró casi diez años y le dejó una enseñanza: no nació para ser una mujer casada. Comenzó a viajar para investigar el folklore chileno, constituyéndose en testigo de las miserables condiciones de vida de los mineros, campesinos ymapuches. Semejante escenario tallaría para siempre su arte… y su voz.

En 1960 Violeta Parra conoció al suizo Gilbert Favre, un músico y antropólogo que recorría el mundo sin más equipaje que su clarinete y sus discos. Llegó a Chile junto al antropólogo Jean-Christian Spahni para realizar una expedición por el desierto de Atacama. El 4 de octubre de 1960, el día del cumpleaños número 43 de Violeta Parra y a los veinticinco de él, se conocieron en la casa que la compositora chilena tenía en la comuna de La Reina, en la calle Segovia 7366, y en la que vivía junto a sus hijos. A partir de ese día se amaron intensamente durante seis años. La conexión fue inmediata. Enamorados, partieron a Bolivia dónde Favre se interesó por la música andina, compartiendo experiencias junto al guitarrista Alfredo Domínguez y el charanguista Ernesto Cavour, allí integró la agrupación Los Jairas (le llamaban ‘el gringo’). Luego partieron hacia Ginebra, alternando su estadía entre Suiza y Francia.A menudo había desavenencias n la pareja, estando en París Violeta trabajaba en boites y teatros, sitios que no le agradaban al suizo, pero siempre volvían a encontrarse.

Durante esta relación, Violeta compuso canciones que son fundamentales en su repertorio. Unas de tinte político y social: ‘Miren como sonríen’; o ‘Arauco tiene una pena’: otras del corazón, tormentosas, profundas, sangrantes. En ‘Corazón maldito’ Violeta se desgarra cantando: “Corazón maldito sin miramiento, sí, sin miramiento, ciego, sordo y mudo de nacimiento, sí, de nacimiento. Me das tormento…”; y en ‘Que he sacado con quererte’, expresa su pesar insondable: “Qué he sacado con la sombra, del aromo por testigo y los cuatro pies marcados, en la orilla del camino, ¿qué he sacado con quererte, clavelito florecido, ay ay ay…” ¿Anunciaba Violeta con estas canciones un final inevitable?

Cuando volvieron a Sudamérica, Favre decidió partir solo hacia Bolivia. Violeta, desgarrada, regresó a Chile. Levantó la Carpa de la Reina, un amplio espacio que utilizó como centro artístico con talleres de guitarra, pintura y artesanía. Desconsolada, allí escribió ‘Run Run se fue pa’l norte’: “En un carro de olvido, antes de aclarar, de una estación del tiempo decidido a rodar / Run-Run se fue pa’l Norte no sé cuándo vendrá, vendrá para el cumpleaños de nuestra soledad / A los tres días, carta con letra de coral, me dice que su viaje se alarga más y más, se va de Antofagasta sin dar una señal,

y cuenta una aventura que paso a deletrear, ay ay ay de mí / El calendario aloja por las ruedas del tren los números del año sobre el filo del riel / Más vueltas dan los fierros, más nubes en el mes, más largos son los rieles, más agrio es el después / Run-Run se fue pa´l Norte qué le vamos a hacer, así es la vida entonces, espinas de Israel, amor crucificado, corona del desdén, los clavos del martirio, el vinagre y la hiel, ay ay ay de mí…”

Tiempo después, en 1966, cuando Violeta viajó a Bolivia, se encontró con un Favre casado con Indiana Reque Terán, una joven boliviana de veinte años, hija y sobrina de pintores. De ese viaje trajo un charango y un revólver que le compró a un fugado de la cárcel según sus dichos “pa’ cuidar la carpa”.

Violeta se hundió en el alcohol y en una profunda depresión. Semejante estado no le impidió lanzar en noviembre de 1966 el disco “Últimas composiciones”, que contenía dos himnos inmensos: ‘Gracias a la vida’ y ‘Volver a los 17’.

Se conjetura que semejante estado emocional, sumado al fracaso artístico de la Carpa de la Reina, le llevó a suicidarse  el 5 de febrero de 1967, a los cuarenta y nueve años.

‘Cardo o ceniza’ quedó como testigo de la profunda huella que nos dejó Violeta Parra, y de ese amor que Chabuca Granda retrató sabiamente: “Pero cómo serán mis despertares, cada vez que despierte avergonzada, tanto amor… y avergonzada…”

 

Cardo o ceniza

El músico y productor peruano Jaime Cuadra rescató una grabación de Chabuca Granda presentando la canción de manera especial. Cuadra utilizó estas palabras como introducción para la versión que publicó de ‘Cardo o ceniza’, cantada por Eva Ayllón: “Cuando supe los motivos de la irreparable muerte de Violeta Parra, comencé con estos ritmos hondos a hacer la pequeña juglería de estos motivos - dice Chabuca - Violeta era una señora mayor que yo, seis años, y se enamoró de un joven de la edad de mi segundo hijo. Él también la quiso inmensamente, pero tan sólo un año. Y cuando este joven suizo, quenista, abandona a Violeta. Violeta, que probablemente no sabía que todo artista está condenado a una gran soledad, pero debe saber disfrutarla, se fue a Bolivia y en La Paz, se dio un tiro en la sien. Dicen que con su cabeza quebró su guitarra… y estas coplas, que hablan en primera persona, y por landó, se llaman ‘Cardo o ceniza’.”

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