San Carlos de Bolívar

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De esto y aquello

feb. 26, 2017 20:46

en Opinión

Algunos, lo hemos visto y escrito desde el primer día, que esto de ir adelante y al rato hacia atrás no lleva a buen puerto; y sobre todo, porque no hay partida y no se navega y en consecuencia ausencia de singladura, que es lo que quieren los amigos de la vieja diversión. Al cabo de un año empiezan las críticas de quienes quieren que nada de aquellos sinsabores vuelvan y ello porque aunque a las vueltas, balis y podemos siguen en sus trece, ahora, blanqueaditos, y por si no bastare haciéndose los puros e impolutos. Pero lo cierto es que llevamos un año poniendo primera y al rato marcha atrás porque gritan quienes ya nos hicieron gritar de miedo. Es decir, los arriba nombrados que antes eran kas y cámporas, y al cabo, los montoneros que nunca dejaron de ser. Si mañana Macri anunciara, es un decir, cien mil pesos de sueldo mínimo, todos estos personajillos saldrían a decir no. Y a grito pelado. Es lo único que saben decir cuando se trata de la patria. No. Y de ahí no se les saca, siempre no. Que al parecer, suponen, que a juzgar por las constantes que se suceden, les vendría bien para las elecciones, que al fin y al cabo es lo único que importa. A los buenos y los malos.
Y sucede que como en días ya lejanos cuando se tiró a la basura a un presidente que pretendía cambiar la barbarie por una civilización republicana. Y lo hicieron todos; pues pocos son los que faltaron a la cita del suicidio colectivo. Ahora pasa algo parecido y mirando en derredor no son todos, pero si muchos de distinto color aunque siempre del mismo signo. Un año en que medio centenar o poco más, que nunca pasan de cien, y hacen guardia en departamentos ad hoc que deben estar a una distancia determinada del obelisco, para que concurran ni bien son requeridos para que vayan a hacer quilombo y gritar, no importa donde ni para qué. Es la vieja militancia a la que solo le importa lo estipulado y el estipendio. Pero eso sí, siempre en el punto de mira el acoso y derribo del presidente, donde esté o por donde deambule. Se ha visto con los cuatro estúpidos de balis y podemos madrileños ladrando a Macri o entregándole una carta vestida de Milagros. Y el relato trasplantado. Para los balis y podemos españoles tampoco existe la Justicia, se las pican solos. Y cosa curiosa, como aquí nadie los mete donde deben estar.
Y sucede que aquellos malandrines o estos no son vistos por las graderías. No se enteran ni quieren enterarse, porque quizás, y se demuestra en la práctica, quieran una Argentina destruida y sumisa a capitales robados y perdidos por pampas y montes, o por el extranjero. Sigo sin entender cómo se puede seguir aplaudiendo, por aquí, por ejemplo a quienes se han robado dos o tres productos brutos internos Y se caiga en la estupidez de discutir que Macri es rico como si ese fuera el verdadero problema de la nación. Cuando lo que de verdad escuece, es que todos aquellos que hoy, por ejemplo, no saben quién es Milani, siguen tan campantes por la calle. Porque el asunto pasa por el meridiano de Ezeiza, no el aeropuerto, sino la famosa cárcel puesta en valor, para meter la cohorte de individuos que robaron a mansalva, y curiosamente, eran pobres como quien dice, pues nunca habían trabajado en algo que Dios les agradeciera. Lo hemos visto por allí y por aquí y por acullá. ¿Y el problema de la nación es que Macri es rico porque ya lo era? Para reír, sino fuera para llorar, por el atraso consumado. Pero ojo, tampoco me chupo el dedo a la hora de mirar como surgen las fortunas, pero, hoy, no es este el caso.
Se trata de un señor que quiere hacer las cosas bien y que muchas las ha hecho así. Y otras no le dejan y se mece en un vaivén de críticas, porque por estos pagos hay que hacerse el macho, que cunde mucho. También oportunidades pareciera que a la hora de elegir no se da mucha mañana. O falta de muñeca o no abundan los muñecos. Y se cae en el pimpampum cotidiano. Pero nuestro hombre se ha adosado un asesor, y no hay Cristo que se lo quite. Pensar que este ingeniero se come los comicios con solo introducir en Ezeiza a tres o cuatro y se le ha dado por jugar un partido con una señora en el que se juega el futuro de la patria. Y esta palabra no sobra. Me hace acordar, o será lo que les gusta, al partido de ping pong, de menos calibre, claro, con el bali, protagonizado por la señora gobernadora que según ella dijo, ya no le dicen Heide.
Pues bien, esta señora, cosa de mandinga, le ha dado al bali ciento cincuenta millones de pesos para que asfalte el damero urbano. Espero informe al pueblo cuánto vale cada metro cuadrado y lo relacionemos con su valor en otros sitios, o con su valor real. ¿Por qué no? Y supongo, le habrán hecho firmar algún documento, donde responda con sus tierras si se los vuelven a perder. Los dineros, claro. ¿Y por qué no se puede pedir tal cosa? Porque eso de que la patria se lo demande solo sirvió a los grandes cuando curiosamente edificaban la patria; e incluso uno de los grandes era Sarmiento. Y sin embargo, en tiempos de necesidad como los actuales, porque se le da la gana de atrasar y embarazar al magisterio, a un tal Baradell, el de los pelos, le ha dado por expoliarlo. Desde un año atrás le importa tres pimientos el magisterio, los maestros y los niños, porque son balis y podemos, quilomberos en consecuencia. Porque a un año largo y visto, Sarmiento no está y Colón todavía quieto, en la rada. En cuarentena. Qué vergüenza.

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