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Nota 1261 - (3ª Época)

De esto y aquello

abr. 02, 2017 12:50

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Hay asuntos insoslayables. Tal la confusión imperante y deliberada por el mundo desde hace dos o tres décadas que no pueden pasar desapercibidas. Al menos a mi me llaman la atención y con cierta premura y altas dosis de desasosiego pues se trata de entender el mundo en exceso tergiversado; y adrede, claro. Alucinante. Impresiona la deformación de la realidad. Y a veces contiene tanta estupidez que se torna hilarante. Por ejemplo, si  se recuerda la entrada de España a la Comunidad. Las gentes en la calle gritaban con alegría “ya somos europeos” y algunos, para hacerlo más irrisorio y grotesco, es decir, los que sabían de verdad gritaban “semos”. O sea, que los políticos habían sembrado en las gentes una serie de estupideces bien regadas.

     Porque desde niño y en Logroño los maestros siempre nos decían que Europa, la que el mito destaca como  raptada  por aquel famoso toro griego empezaba en los Urales y terminaba en el Finisterre. Y al cabo, también el toro se  movió a la otra punta. Es decir, que eso era Occidente, ampliado después con las Américas, por cuestión de sangres, idiomas, cultos y costumbres. Sin embargo, como las tonterías, por desgracia, nunca cesan, y como estas cuestiones sucedían en tiempos soviéticos y éstos eran tuto, pues se los ignora geográficamente, algo parecido a como los balis y podemos originarios,  inventaban  la historia desde ellos, desde su perversa necedad. Y así nos ha ido. Y al cabo, lo más curioso es que Europa ha terminado por los límites que ponía Rusia. Que parece ser que para el caso les importa tres pimientos el asunto, porque saben desde siempre que están en Europa, se la nombre o se la expolie. 

     Y ocurre que esas tergiversaciones sin sentido, que se construyen con cierto primor, y hasta se las borda con seda, como se ha visto en los últimos tiempos con nuestra historia. Después, nunca hay tiempo para corregir, y en consecuencia, todo sigue igual. Sin enmienda, al día de hoy. Por ejemplo por esta hermosa tierra que mis padres y yo elegimos para vivir, los apellidos son  como los míos o como los suyos si sus ancestros corretean por la otra península o por la Europa hoy descoyuntada. Porque quien iba a pensar que un pobre tipo iba a romper la Gran Bretaña. Pues bien, por aquí vienen rompiendo a placer, y los indigenistas que saben o ignoran que los mueven etarras entre otros, han llegado a un estado de llaneza cerebral que izan como vemos por ahí a la bandera indígena, creada en Londres.

     Y a la vez que odian a Colon  gustan de los mapuches que no han existido nunca como tales y para más inri ni son originarios, sino llegados del otro lado del Ande, para masacrar a los Tehuelches, estos si originarios; y de África, como todo el mundo.  Y después nos llama la atención que  se recuerde un golpe de estado buscado por quienes  lo recuerdan, y para peor ayuntados con quienes  los sacaron del medio. Pero no pierden oportunidad de blandir cifras para enfrentar y machacar al personal. Basta ver a Baradel llegando en camión con amiguetes que un maestro no debiera tener. Y sin embargo, gente como éste, siguen hablando como si supieran. Y los famosos derechos civiles se han convertido gracias a los andrajosos meandros  de esta historia, que debería terminar de una vez, en que víctimas y victimarios andan juntos y de la manos.  O sea, que no tienen vergüenza. Y no está de más recordar hablando de tergiversaciones, perdón, ahora de verdades, que cualquiera habrá visto que ninguno de los que mandaban murió. Al contrario, han sido gobierno.

     Y éstos, vivos y avivados, dejaron el reguero de sangre joven y no tanto, que en otras condiciones hoy estarían trabajando, cada cual en lo suyo y sin duda tendríamos otra Argentina, distinta a la que nos ha llevado por delante el bienestar apetecido. Pero hemos tenido, lo  que estaba escrito. O alguien todavía cree que fue algo que vino del cielo. Y tal marasmo sucede, porque a pocos a estas alturas interesa la cultura ni los ancestros, pero mandan. Ahora hay que cambiar a Juana Azurduy que pocos saben quién es y mucho menos aquellos que levanta gritos pelados a su favor. Pero lo  curioso es que Colón sigue en un baúl y pocos hablaron en pleno derribo. Ni las dos Embajadas que debieron hacerlo. Y tal asunto es atronador, porque significa lisa y llana, pasarse a nuestros muertos por bajeras, claro, que el cerebro es el material más maleable de la tierra. Y en eso andan unos y exprimidos quedan otros. Y eso sin traer a colación, a Cornelio y Mariano y a Sarmiento y los baradeles. Y viene a cuento una reflexión sobre Martín Fierro como libro inaugural.

     Me gusta más Don Segundo porque trabaja y da ejemplos. Y por supuesto, Facundo por antonomasia. Pero vamos a la tergiversación de cabezas. Supongo han leído el Martín Fierro, y supongo que varias veces, y supongo se habrán dado cuenta que lo que don José  esta describiendo es la Argentina en la que no se podía vivir. La pampa era inhabitable. El Facundo hunde raíces en las causas o en algunas, aunque no viene al caso, para no producir eritemas, que no deja de ser interesante como acicate a esa extensa juventud que aplaude a los originarios balis y podemos, inservibles para andar camino. El Martín Fierro dice que eso no es vida y la Generación del Ochenta tan vituperada fabricó un país que pocos igualaban por el mundo. Y esa bonanza desde el punto de vista cultural e identitario, duró hasta 1970. Después el derrumbe por unos y otros, pero todos con la cabeza dada vuelta, sin las ideas, o peor, con las que no convienen. Y hoy los incultos prefieren como Martín irse a la toldería, con grave salvedad, que aquel no tenía otro remedio y estos han dejado sin remedio a la patria que aquel ansiaba. ¡Oh si! 

 

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