San Carlos de Bolívar

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De esto y aquello

abr. 09, 2017 19:14

en Opinión

El tiempo pasa sin sentirlo, sin que nos demos cuenta, deprisa, con los pies alados de Mercurio. Y un día por alguna conversación o por el diario te acuerdas o te recuerdan que desde que el bali rompió la plaza y el pueblo se quedó tan tranquilo, ha pasado un siglo si lo medimos con la vara patriótica. O que aquel famoso asunto de la resolución 125 con los tractores en las carreteras y las boinas hasta el entrecejo, aquel que hizo tambalear a la señora del sur, un acontecimiento del que han pasado ya diez añitos, y ahora, por si fuera poco nos recuerdan que el kilombete lo hizo quien ahora renuncia a la Embajada de los Estados Unidos, para venir a salvar a la patria; y porque no servía para embajador.
Saltando de un lado para otro y sin charcos. Que poco se mojan. Causa estupor y vergüenza ajena ver a estos personajillos ensuciando las puertas que les abren y las que ellos cierran. Es indecente y causa estupor ver la cantidad de esta gentecilla que van y vienen sin que nadie les pare el carro, desde el punto de vista político, claro, porque después resulta que manejan enormes parcelas de la patria. ¿O alguien ha visto en este país algún ministro de economía patriota? Y entonces, y sabiendo el número que calzó y calza ¿quien le regaló, nada más y nada menos, que la embajada norteamericana? Y por qué, con mis fueros ponen y sacan para que no hacerse sombra entre ellos.
Pues bien, que vaya solo y solo se las arregle y a otra cosa. Fue ministro de economía y era treintañero cuando hizo temblar el país, y treintañero era el nuestro hace también años cuando rompía lo centenario y perdía miles de millones sin darse cuenta, y treintañeros y sin trabajo conocido y sin comerla ni beberla, aparecen sonrientes y pedantes y sin juicio, metidos en carrera. Faltaba más. Personajillos, que siempre se los tiene encima. Y al tiempo, y eso que lo dijimos, porque unas veces porque son pelilargos y otras porque son rulientos, los unos y los otros sintonizan para sí mismos. Y no hay otra. La edad para los cargos públicos debería estar por encima de los cincuenta años. Mientras tanto, a trabajar o a interiorizarse de la patria. Que basta con poner el ojo en los que conocemos.
Uno se pone a pensar, y los seis o siete años del bali parecen un siglo y no se entiende, como de un día para otro y cuando nadie ni siquiera lo barruntaba, otro treintañero se adueña de una provincia, un pelín más pequeña que España y uno se pregunta que había hecho durante el tiempo que perdía el tiempo. Sin embargo, éramos nosotros quienes lo perdíamos al votarlo; el treintañero ganaba a mansalva con nuestro voto, sin calificar ni clasificar, y sin vuelta previa. Y ahí está el nudo del asunto, que unas veces por desconocimiento y otras porque es el hijo del conocido, o la amante de vecino enchufado, se pone a quien no debe ponerse y una vez que tienen un fuero no se los quita ni Dios; a vivir y que abunde la dicha. La propia, claro.
Y dentro de diez años usted tendrá diez años más o ya habrá ido para el fondo; o todavía verá crecer a sus hijos, pero de lo que puede estar seguro, porque lo ha de ver con sus propios ojos, si el tiempo, siempre el tiempo, se lo permite, que estos personajillos durante este tiempo se han agarrado de cuanto vehículo pasaba por el tiempo y han cosechado tiempo para toda su prole y amigos, por los siglos de los siglos, amén Y para peor, han llegado a un sitio donde usted gracias al tiempo que pasa y pisa, estará por debajo de ellos. Que el tiempo se andará. Y mucho de ese desasosiego sentían en carne propia millones de argentinos, al constatar que pasa el tiempo y poco sucede de lo que debía suceder. Y lo que no sucedía desde décadas salta en pocos días. Defenderse a sí mismos. Única manera de defender la nación. Alegría inmensa, pues desde hace semanas escribo que la calle no debe ser de los perversos habituales; y si es necesario debe ser nuestra.
Y a pesar de que al gobierno poco le interesaba, algo nunca visto en parte alguna, y si es cierto que nada tuvieron que ver, ni estaban tras los visillos, están, sin duda, perdidos en tiempo y espacio. Por suerte al ver las fotos tomaron conciencia que debían interesarse. O sea, un papelón que pasa a segundo plano tapado por la alegría. Y salieron los mayores a salvar a sus menores y en La Plata había muchos menores que hacían honor a sus mayores. Y con los datos en mano casi se hicieron los gallitos y hasta soltaron frases como la de los choripanes, sin enjundia alguna. Gratuita. Una cosa es que balis y podemos mojen las orejas, es su triste papel, y otra es el despiste político. Pero quien pone la pierna es el de la calle y con ello no digo que el de arriba no cumpla su papel.
Pero hay que tener cuidado, porque en los últimos tiempos hay poca correspondencia con la candente realidad. O sea, como decía mi madre, si sale con barbas san Antón, si no la Virgen María. Así cualquiera. Y traduciendo a su aire lo que la gente ha dicho es que hay que dejarse de joder; o dejar de marear la perdiz que queda más bonito. Y mientras los amigos del bali descontrolan la vida con quinientos piquetes y huelgas generales, él a lo suyo, a vivir su vida sin dar golpe, empapelando la provincia y hasta saliendo en La Nación, y que los otros den vuelta los autos. Que un fuerito nunca viene mal. Supongo que no lo votará Usted. Porque la marcha señala un antes y un después, más el plus donado por la CGT por salir a destiempo.

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