San Carlos de Bolívar

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Nota 1264 - (3ª Época)

De esto y aquello

abr. 23, 2017 13:01

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Y dale con el timbreo. ¡Qué metejón con el timbreo! Por supuesto, cada cual tiene sus afinidades, pero creo saber otear la realidad,  y supongo que con solo mirarla se dará cuenta el señor presidente que con el timbreo no se va a ningún lado. No se hace camino. O queda corto. No es para alquilar  balcones. Por otra parte, en estos graves asuntos y con los peligros que implica ser callejeros, aunque no es menos cierto, que por lo regular con los acompañantes de custodia, se tiene la suerte de alejar guanacos, o sea esos piqueteros escupidores; esas terribles dos docenas que  las llevan y traen de un sitio para otro. Un trabajo bien pagado. 

     O sea, que no es el timbreo lo que suma puntos, sino la doma de los bárbaros  salvajes, que andan metiendo palos y piedras con cabezas tapadas, sumidas en la vergüenza de la tela y la moral. Antifaces y ruido. Ha bastado la marcha o manifestación, que ni siquiera la querían, y adosada a ella unas frases que valen la pena, más unos golpecitos en las cabezas autoritarias, para que pase el ecuador de las estadísticas. Que el señor presidente debería escuchar más a la calle -a las dos veredas- y actuar en consecuencia, porque según mi parecer más que timbres interesa el martillo de la justicia; y mientras tanto el martillo solo. Porque ha sido la calle magnánima la que le ha dado los puntos.

     Al orden no hay que tenerle miedo. Son los desordenados quienes le temen, que curiosamente, en los años aciagos se ajustaban al rol marcando el orden, es decir, eran perseguidores. Y manejaban la cosa bajo cuerda sin gritos pero con rostros y acciones taimadas. Ahora esos o aquellos se tapan la cabeza para que no se escapen las ideas o quizás para que no entren. Sin embargo, la democracia se basa en el orden, compartido y acatado. Porque después de la marcha, lo poco que ha hecho en las últimas semanas,  y con cierto miedo, le ha dado flor de puntaje que hacía rato se le escapaba. Me refiero, al gobierno, claro. Y no caigan en la estupidez de pelearse por dar o no dar. Que la ley es una sola.

     Y para peor, sucede, que en los últimos tiempos el que más grita no deja oír la faena diaria. Y a ello se suma la publicidad que les hacen los medios queriendo o sin queriendo y hasta tergiversando o situando los copetes donde no debieran o las letras catástrofe en la otra columna. Y sin embargo, la nave va, pero al pairo y sin mucha vela. Poco marinera, para los tiempos que corren. Al día de hoy de lo único que habla la gente es de la marcha adobada con algunas rodajas de certidumbre. La marcha que desde esta columna se pedía meses atrás.

     Y ha sido y así se ha entendido, que hay un antes y un después; que se deberá aprovechar, porque la gente no puede estar todo el día en la calle.  Pero es feliz porque intuye muchas cosas  e incluso peligros al paso, como el llamado al desorden. Subversión, lisa y llana. Pienso mal pero acierto por lo regular. Nos hemos salvado de la quema del Congreso, al estilo paraguayo. La marcha ha destituido al menos por el momento nefastas cuestiones que  se traían entre manos; y esas manos y mentes son lo que la gente desea para la cárcel de Ezeiza. Al ciudadano común, convertido hoy en inusual, no le cuadra que esté vacía.

     Estas gentes que le han dado puntaje al señor presidente podrían recitarle de corrido, y para abrir boca, los veinte o treinta nombres doctorados en Monipodio. Pero en los altos estrados no se dan por enterados, porque a simple vista, sin entrar en detalles, se ve a las claras que no ven lo que nosotros vemos. O sea, que no les da por ahí, por construir futuro. Pues mientras se deciden, cada cual en su pueblo que es por donde hay que empezar, que todos los politiquillos han nacido en algún sitio, y ahí son harto conocidos desde su nacimiento; y los convecinos saben a ciencia cierta, hasta donde  tienen los bolsillos y el alma, sanos o sucios.

     Entonces, observar para saber medir y rechazar en las listas futuras. Se les ha metido en la cabeza a unos y otros estar de por vida en elecciones y nosotros ya estamos hasta las bajeras de ver como todos marchan en pos del puestito. O sea, señalar y denunciar, cada uno en su sitio. De lo contrario, el cuento de nunca acabar. Y no podemos volver al pasado, porque curiosamente los políticos siempre tienen futuro; y más, cuanto peores son.  Por eso, hay cosas que a esta altura del momento histórico y de la vida me dan asco.

     Asco de que se pueda llegar a limites inaceptables y me saltaban dos imágenes, la del muchacho que tiran por las tribunas y le roban las zapatillas mientras agoniza y la del bali que para el caso es  importante traerlo a colación, pues va y viene con una ansiedad que uno se pregunta para qué y para que votarlo, si como otros tantos forman parte del desquicio social de los últimos años que llevan entre otras cosas a matar a un muchacho y robarle las zapatillas mientras esperan la ambulancia. De las políticas perversas nacen relaciones interpersonales deleznables. El otro importa tres pimientos, cuando se apedrea y escupe un presidente.

      Y que nadie se enoje por los ejemplos, porque lo uno y lo otro van de la mano, le guste al que le guste. Sí, me dan asco, politiquillos de pacotilla, perdedores de dineros y ganadores de escaños. Y dada su edad, estarán cuarenta años más, jodiendo a la patria. Antes empezaban yendo a buscar las empanadas o barriendo el comité. Hoy veinteañeros, sin antecedentes se hacen con una senaduría. Y hasta los ponen de ejemplo. Por favor,  mire bien, y no vote listas con balis y podemos.

La Mañana

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