San Carlos de Bolívar

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Nota 1266 - (3ª Época)

De esto y aquello

may. 07, 2017 10:12

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

No deja de ser llamativo, que en Bolívar, lo único que de verdad ha terminado el bali, es la destrucción de la plaza. Y la paradoja pasa por el hecho de que hubo que romperla para ser usada y hasta abarrotada. Parece en joda pero es real. Lo demás, la mega obra sin terminar, y los quintales de dinero sin encontrar; y aunque parezca extraño ponen en valor lo inconcluso. Porque en lo segundo no lo veo con ánimo de realizar un mea culpa porque parece condecoración para irse para arriba, y lo primero, gracias a que el presidente no da cuerda a la justicia pues habrá que esperar. Y en consecuencia, habrá que inaugurar por enésima vez las obras, algo que causa llanto, porque lo que importa es que las obras que repiten fiesta la hemos pagado varias veces; y la fiesta es solo del hacedor local del desencuentro. Una atroz grieta, física y moral. Creo haberme explicado. Su voto, lector, debe servir para botar las listas donde aparezca.

     Por eso, por lo dicho, es que uno se desespera porque de componendas y disfraces ya está harta la galería, además que no se va a ningún lado; o sí, al quiebre moral definitivo. Y lo curioso que para hacer algo más o menos fiable hay que hacerlo ya, ahora que hay viejos que han vivido lo que no debe volver y que a buena parte de los jóvenes ni les va ni les viene; por desconocimiento o por lentejas. Por otra parte a mi no me cuadra que el lobo se convierta en Caperucita y lo voten las caperucitas. Víctimas y victimarios del bracete. El desasosiego que no cesa por Argentina y agrede por el mundo

     Porque la pregunta que puede hacerse cualquiera a sí mismo, y por poner un ejemplo, quien es nuestro muchacho y qué parece que a pesar de todo descenderá en algún sitio y encajará con mayor o menor fuerza.  Y también podemos preguntarnos por la bulliciosa aparición de un tal Lousteau. ¿Cuánto tiene de bali o de podemos? O dicho de otra manera, cuanto tiene de  topo, enviado por el poder para promocionar el mal. Y dar comienzo a su faena rompiendo lo poco que queda de radicalismo o el crecimiento de Cambiemos. Siempre me han caído ásperos los que vienen a salvar la patria a pechito descubierto, y sobre todo los que aparecen sin que nadie los llame, al menos en la forma acostumbrada.

     Yo no digo que no puedan presentarse después del estropicio, no deberían, pero la cosa no tiene vuelta, porque el problema de la democracia es su debilidad, y en los últimos veinte años en el mundo es débil adrede; porque así está escrito, Y en consecuencia deja pasar aquello que no debería. Es como si los agujeros del cedazo fueran demasiado grandes y pasa la harina y la cizaña. Y que a pesar del estropicio haya gente que los vote. No importa sin pocos o muchos. El número importa. Se trata de una cuestión, no ya de sentido común, sino de moral, porque se siembran tempestades a futuro. Y me hace recordar a Tomás, hablo del apóstol, que  necesitó meter el dedo en la llaga para ver si era la cicatriz de la lanzada. Hoy ni miran, o la ven y siguen en la misma, al punto de ser capaces de tomar la lanza. Y sucede que Tomás, al dudar, razonaba, que por ahí llega la moraleja y estos, ni son adscriptos a la moraleja, a pesar de  ver la cicatriz de la lanzada. O sea, que ni dudan. Incluso, uno se pregunta si el Papa con su puesta en escena, habrá oído hablar de Tomás. O de la duda.

    Y en mundo en que la duda ha quedado afuera es de suyo que lo que importa termine oscurecido y salga a luz lo que poco o nada importa como la vida  como espectáculo. Y no está quedando nada sano con ese afán de echar luz por el haz y el envés. El adentro de cada uno o los ricos adentros de los  otros, de manera que el personal tanto gusta saber el color de la braga de la otra, como el desliz del de la vereda de enfrente, o el romance del político tal o cual, y olvidar  como está escrito, la cantidad de dineros perdidos, durante la década perdida. Y la cantidad de desvergonzados que andan sueltos, como interesante espectáculo. Total no pasa  nada.

     Y sin embargo, si pasa, pues escrito está, que cuanta más corrupción se produzca y SALGA A LUZ sin consecuencias para los corruptos, mejor se pudren las relaciones y la identidad. La gente termina desinteresándose de la política, de los políticos, y de la patria. Y surgen los inesperados que llaman populistas, de los cuales creemos habernos salvado; y a último momento. Eso sí, ellos con el dinero perdido que suman varios productos brutos internos. De manera que al día siguiente nuestro salvador ya estaba en entredicho y todos a una, señalando sus llagas. Parecido a lo que ocurre en el mundo, que el malo es ruso, aunque curiosamente, es el bueno Por eso hay que tirarlo.

     La Argentina de Macri me hace acordar a aquellos del este famoso. O sea, que va en la buena senda, más allá y más aquí que de cada tres frases dos se tuercen. Pero bueno, las cosas han cambiado. Pero está escrito que no debe cambiar y usted lector debe frenarlos. O  alguien cree que a los locales que todos conocen desde la cuna, les conviene que la cosa cambie. No. Y son capaces de vender hasta la primogenitura al mejor postor. Basta ver las fotos, que por lo visto no se las quieren ver.  El poder quiere que todo este podrido. Y podrido y sin identidad, papita para loro. Y que siga la juerga hecha espectáculo constante, y el vaciado sostenido y sustentable de cerebros. En Bolívar se lo ve a diario. Al punto que se ha necesitado romper la plaza para que sea usada. 

La Mañana

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