San Carlos de Bolívar

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Nota 1282 - (3ª Época)

De esto y aquello

ago. 27, 2017 13:14

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

No deja de llamar la atención aquel viejo proverbio que del árbol caído todos hacen leña. Conozco un caso que es de actualidad, que por otra parte, el árbol usado aquí como símil se ha aplicado y con denuedo para que le quepa tal aforismo. Era, este árbol caído, el paradigma de los cortadores de árboles públicos, sin ton ni son. Se trata del intendente de un pueblo ya centenario del centro pampeano; muy bonito, -el pueblo, claro- y con palmeras que trajeron los que hicieron y amaron el pueblo, y que en plan recordatorio al sesgo o traído, y ahora también retraído se encargó de romper, corromper, hasta ser dueño y señor de haciendas y VIDAS;  e incluso algunas de éstas son recuerdo y se pueden traer a colación si fuera necesario. Y todo por protagonismo  y bolsillo.

   Y ahora el poder hecho trizas y ahogado en la inundación. Después de su total ausencia durante seis años en cuestiones rurales por desinterés hacia los productores del pueblo que le vio nacer, parece, que acaba de enterarse que Bolívar es rural. Algo llamativo, pues estuvo en contra del campo pero ha comprado tierras, al igual que sus mentores. O él, es mentor. Pues nada, que lo primero que se encargó de decir por si cuajaba después, es que había que volar la carretera. Y tan pancho, como si supiera. Resulta que en su largo reinado nada hizo por el agua, nada hizo por los caminos rurales y ni siquiera prometer algo como era su costumbre, por ejemplo, asfaltar el camino real como vengo sugiriendo hace años. Y nunca hizo nada porque nunca le interesó el pueblo rural, ni siquiera una cunetilla.

     Solo un trampolín y con ello ha jugado. Ayudado por los propios y lo peor de los otros, que son los nuestros. Que las cosas como son, sin ayuda, nadie dura. De manera que las máquinas quietas.  Y cosa de mandinga, algunas cansadas de estar al repe se fueron sin que nadie notara su ausencia. Por eso digo que hay que tener  morro para hacerse el macho ahora, cuando es un cero a la izquierda, a raíz de unas simples elecciones de mentira que, es de esperar se conviertan en verdad. La única voz disonante, el que escribe; y algunos más que se desgañitan en el face y que desconozco porque no tengo. Ha reinado sin oposición, a su libre albedrío, que por lo regular ha sido pasarse por las narices a los demás. Y unos por miedo que lo había, y otros por salir en la foto, o sea aplausos, y si vendrá a la exposición o no vendrá a la fiesta. Una fiesta de la que despotricaba y mofaba y apoyaba solicitudes en los tiempos campestres, al punto, que junto a su amigo de infancia, hoy deberían andar con Lousteau.

     Pero en lo que estamos, en el agua, que después del niño ahogado María tapó el pozo. Aquí todavía falta la obra, la de tapar el pozo, y para empezar dejar hacer a los que saben; pero sobre todo empezar  de  una puñetera vez, a tapar el pozo, sin la desidia de María. Hace más de un siglo Ameghino daba directivas, por los setenta y pico los militares llamaron a los soviéticos, especialistas en ríos de llanura, e hicieron un trabajo global, es decir desde la cuenca del Salado y delta, hasta Iberá y Pilcomayo que duerme el sueño de los justos en algún cajón; después se llamó a los holandeses que entienden de agua, y seguro habrá más estudios. Y aquí estamos, varados en el agua, ni los unos ni los otros, y el agua unas veces menos y otras más y siempre uno u otro inundado.

     Siempre el agua haciendo de las suyas y cuando las papas queman, como ahora, se hace un canalillo, y llegan los de La Plata, los que saben, ven que el agua se vuelve. No han sabido usar el nivel y las miradas geodésicas. Y ese es el sino del muchacho no hacer o hacer que todo vuelva para atrás; pero mientras tanto él  siempre se acrecienta. Y durante más de un quinquenio lo han aplaudido por semejante faena y ahora lo putean. O sea, lo lógico. Pero lo cierto es que se parece al perro del hortelano ni hace ni deja, pero siempre presente haciendo de las suyas.  Parece que ahora, algo se está haciendo para encaminar el agua. Que no es volando carreteras para salir en la foto como aquella otra llevando la camilla al avión. Que el muchacho es siempre funesto. Lo único que nos falta es que el agua de la inundación tenga arsénico. Y no se haya dado cuenta, claro. 

     Al cabo, todo ha sido humo, el humo del famoso cable de gran luz, el humo de las famosas bombas de presión de las aguas, el humo de los arsénicos hoy si mañana no, el humo de las lámparas para oscurecer el pueblo, el humo de la plaza rota para llamarla pomposamente centro cívico y hasta prendió el nombre cuando es plaza y ellos no eran cívicos, que montoneros son. Y la humareda que hay  entre medio, que no recuerdo, salvo las casas que siempre son bienvenidas, claro, aunque nunca falta la humillación de la foto con la escritura que es para lo que sirven.

     Claro que con los dineros  gastados en ellas se podía haber multiplicado por cuatro la cantidad. Y hablando de cantidad, se ve que por hacer bicisendas no podrán pasar los camiones por lo que es carretera al parque industrial. A los pobladores del barrio hay que darles camino por el interior y velocidad de 20 kilómetros. Sin embargo, sí son necesarias dos amplias rotondas en la Unzué para entrar y salir de los barrios  a un lado y al otro y cerrarla longitudinalmente; antes de que ocurra lo que no debiera. Y ni que decir del desastroso traslado de la famosa universidad de lo que se hablará próximamente.

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