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Nota 1285 - (3ª Época)

De esto y aquello

sep. 17, 2017 12:40

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

   Cuanto más  me fijo en el ambiente más caigo en la cuenta que el trabajo lo han hecho muy bien. De manera espectacular. Quiero decir que se han cargado como si nada los habitantes de una nación. Ésta y las otras. Del análisis surge lo bien armado que está todo  para mantener la grieta y llevarla  de cualquier manera al abismo. Que es lo que por ahora se ve. Desconozco, aunque parezca mentira,  si  la gente se ha dado cuenta, si ha tomado conciencia que lo único de verdad maleable es el cerebro. Y lo han manejado a  la manera de un amasijo de plastilina. Si a ello le sumamos que va paralelo con el vaciamiento de ideologías, pues papita para el loro.  Por lo tanto, en pueblos cada vez más atontados por mediocres bien pagados, que saben   a dónde van,  y tontos que repiten y hasta pretenden dar clases de tontería como si fuera oro y enfrentan y molestan, fastidian y destrozan y echan a perder aquello que tocan, que es todo, que para eso les pagan. Y  lo que tocan es la identidad, tanto en singular como en plural. O sea, son jodidos, en su máxima plenitud.

     Basta mirar en derredor, al prójimo más próximo y o al que entendemos por tal, pero lejano, para tener conciencia que a diario las neuronas se encuentran  más hueras.  Porque tal atropello es constante, minuto a minuto, y sin cesar, un día tras otro, que es la marca del continuo vaciamiento. Balis, podemos y baradeles  han patentado el vaciamiento que no cesa. Al punto que en los últimos días las tres Américas han celebrado el día del maestro, honrando a Sarmiento no solo como maestro sino como el gran  pensador. Sin embargo, por aquí el gran baradel es el ocultador de sus dones. Aquello que hace cualquier superficial. Y después nos sentimos mal y ponemos el grito en el cielo cuando no figuramos en el mundo o andamos por los últimos puestos. Que descabalgar mediocres vaya como homenaje a Sarmiento.

     Los baradeles no quieren excelencia, pues, en tal caso la gente no votaría mostrencos. Que un pobre tipo con cuatro o cinco de igual calado deshagan  lo que tanto costó edificar, que por su calidad, era conocida Argentina, y además, por si fuera poco, se lo elija para que continúe sembrando el caos, es decir fabricando cerebros vacíos, es lógico que usted lector no recuerde los nombres de los ministros de educación. Han tirado por la borda  la primaria, la secundaria y la universitaria. Y tan contentos. Claro, como para recordar ministros del ramo, sino nunca en los tiempos recientes, han brillado en el firmamento del conocimiento. Pues bien esto del cerebro viene a cuento porque las cuentas ya están abultadas de lo bien que saben hacer los deberes  los listillos y algunos tontos. Salta a la vista lo bien que usan el pasado y el futuro para vaciar cerebros a la vez que te apedrean y tergiversan con el presente.

     Y por si fuera poco nos introducen en un presente interminable en el que nos despellejamos  los unos a los otros.  Y es curioso y causa asombro como en los últimos tiempos los hacedores de estas tormentas son los adictos a la ultraderecha, disfrazaditos  de izquierda, que los medios se encargan d expandir. Pero no hay izquierda hoy, que para que ella  exista se necesita cabeza, como algo de suyo, primordial. Hace unos añitos ha dejado de existir, para desgracia de todos, como me dijo en Madrid, por los noventa un gerifalte del Opus Dei. Si, de la Obra, aunque usted no lo crea. Recuerdo, que por los sesenta todos eran y se sentían argentinos. Hoy se expolian a los mejores argentinos vivos o muertos. La cultura era algo de la que todos se surtían de forma cotidiana y no es un cuento lo que traigo a colación, claro que me refiero al ambiente universitario, aunque también he visto en Berisso a obreros de la carne leyendo a Marx y a Tolstoi. Y he hecho colas de más de una cuadra junto a platenses para ver a Bergman y Antonioni o Buñuel y Visconti o cualquiera de la Nueva Ola. Y bajo el brazo, todos llevaban libros, no importa la facultad a la que asistían. Los sesenta han sido la apoteosis cultural en cualquier ambiente a nivel mundial.

    Pero este amanecer cultural era tan importante, tenía tanta enjundia, que se tornaba intolerable para el poder. Y se montó la década sanguinolenta de los setenta por toda América, algo que se olvida. Y al cabo la macabra puesta en escena. Por aquí se montaron montoneros por un lado, troskistas por el otro, y entre ambos, militares. Todos mismos y mataron o desaparecieron  a quienes no eran tan mismos pero estaban  a sus órdenes y serían los mártires, usados por años y años, además. Y de aquellos portentos quedaron vivos quienes serían gobierno, como estaba escrito; y quienes irían quitando la identidad de los argentinos, como estaba escrito.  Y los que deberían andar por las cárceles se presentan para senadores o diputados. Los conocemos bien.

     Han dejado vacías todas las arcas conocidas y se han esmerado en vaciar los cerebros de sus paisanos, y además, cada uno, desde sus sitios han alimentado los enfrentamientos  para dividir y amedrentar. Es tremendo, el obsceno papel jugado por los balis y podemos argentinos. Vacíos ellos de toda cultura se han cargado lo mejor que ha iluminado el pasado. Ellos, sin luz alguna, han apagado las luces de los demás. Son estos los que han vaciado el país y sus amigos los otros países. Son estos los que han vaciado los respectivos cerebros, al punto que ya no hay argentinos; y al momento solo quedan algunos brasileños que se van recobrando, abundan los chilenos y los uruguayos y estos porque a pesar de traspiés siempre han tenido gobernantes, al menos, cultos. Lo cual no es poca cosa. En esta nación desde aquel famoso golpe de Uriburu nunca cultos, y por ende  han medrado los incultos 

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