San Carlos de Bolívar

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De esto y aquello

sep. 24, 2017 17:55

en Opinión

Es curiosa la realidad argentina de los últimos tiempos, y estupefaciente, al punto que un piedrazo mantiene en vilo a la sociedad, o eso pensamos, porque la gente se cansa. Sin embargo, con esa misma piedra y esa misma honda, David mató a Goliath, y si antaño fue porque el cíclope creía saberlas todas, ahora es lo contrario, porque David o sea la nación, pide permiso para sacar del medio a quienes rompen la nación. Quiero decir que no se le puede decir a un encapuchado, por favor podría usted correrse un poquito que quiero poner en marcha el protocolo. Sabrá perdonar las molestias, estamos trabajando para usted; y tranquilo señor encapuchado, son de goma. Se está viendo día a día que a los políticos sin altura cultural y sin altura ideológica les da igual, a unos y a otros, la deriva del territorio dentro del cual vive la patria. Al punto que esta palabra antes llena de enjundia, hoy es algo así como una blasfemia.
Pero sucede que al dejar pasar todo, cuando de verdad pretendan socorrerla ya será imposible parar a quienes se les dio alas de mucha envergadura, porque de eso se trata; que son pocos los que se oponen a los tantos que dan alas. Hay gendarmes que no dijeron la verdad según unos u otros, pero es una pequeña arista de un problema más grande. Casi inconmensurable porque se trata de la nación y ella no es una piedra. Porque de verdad de lo que se trata, es que el problema instaurado es un asunto de tanto calado que hay que estudiarlo con gendarmes o sin ellos. El problema reside en que hay argentinos que usurpan territorio que no les pertenece y por si fuera poco, ni se consideran argentinos y no dejan entrar a los argentinos con uniforme. Una paradoja peligrosa que se está convirtiendo en un paradigma mucho más peligroso. Ese es el problema. Y no un gendarme o veinte. Y si no saben qué hacer consulten a Trump o Putin.
Tal grave asunto empezó hace años, y pionera esta columna y en solitario, se hablaba de los muchachos de eta y los servicios isleños. Y seguimos en la misma, pero peor y atados a una piedra. Parece una Argentina de prehistoria. Seamos de una vez adultos y patriotas. No es serio para la nación ni es serio para los mermados descendientes de los indios. No es serio para la nacionalidad y no lo es porque no se puede tergiversar la identidad y romperlas desde la misma piedra oficial. O sea, dejémonos de marear la perdiz porque se trata de la nación; y no de cualquier nación sino de la nación de los argentinos. Curiosamente y contra lo que pueden creer algunos de los pertenecientes a los derechos universales, el tema Maldonado que debe resolverse, no está en las prioridades de la gente pues lo huelen politizado para peor, de la misma manera que sabe que es hora de hablar bien y en profundidad de los indígenas y singularmente de los indigenistas, antes que nos quedemos sin patria.
Y ahora, la gente más pensante sabe que el indigenismo no lo manejan los indígenas de verdad, sino los de mentira, los truchos que ni siquiera presentan un rasgo que los identifique y que quizás su adn no contenga ni trazas. Pero Argentina tiene mucho más que trazas en su grandeza. Casualmente se halla en la mezcla universal de sus adn. La gente sabe que los indigenistas al uso, jamás se ocuparon de los indígenas que por ejemplo andan por el noreste y que tienen los mismos problemas que los habitantes del conurbano kirchnerista; pero ninguno se allega, ni les aleja los capangas. Hace un puñado de años escribía por aquí que el bali, manifiesto indigenista –no lo vote por favor- se trata del trucho más solemne de la zona, aunque mostrará o no las uñas del indigenismo, si se lo piden. Y jamás a pesar de su bandera izada en sitio bien visto, ha hablado de los que de verdad sufren. Los de verdad, que no molestan. El indio es pacífico salvo que lleguen enredadores profesionales.
Bien pues hace años escribía por aquí y les recordaba que oh casualidad la Argentina que tenemos, y que yo elegí para vivir, existe gracias a famosa batalla que se libró aquí, que, supongo recuerda el lector. Se trata de la Batalla de San Carlos de Bolívar, nada más y nada menos, y los pobladores que después hicieron el pueblo gracias a la constancia de sus trabajos, no solo pusieron a la calles nombres de los artífices del triunfo, sino también el de algunos vencidos. Eso es grandeza. Y sin embargo, se llega a tales extremos de incoherencia que bali compra campo donde iza la bandera de quienes reclaman estas tierras. Al punto que en el mapa la línea inquietante pasa justito por la calle principal y que según mis cálculos el bali pasaría a ser indio y los de mi lado argentinos.
Lo tremendo es que la gente es floja de memoria, al revés de los traficantes de tergiversación y hace unos días me decía un apenado señor, que ya es hora de darle sus tierras a los indios, a lo cual le contestaba que donde estaban ubicadas, porque salvo los del noreste y algún otro por el sur que de verdad las vienen trabajando desde inmemorial, los demás son truchos y extranjeros, y le proponía a este señor recordar la batalla arriba traída a colación, pues la colación viene de perillas porque él tiene tierras, También le hablaba del mapa que desconocía. O sea, que el problema no es una tontería, y vuelvo a escribir lo que escribía hace años cuando nadie le daba importancia al asunto y le decía a este señor ya vendrán por las suyas, a lo que contestaba las tenía escrituradas. También por el sur abundan las escrituras. Y antes de terminar, la otrora obra trunca del despilfarro, la inaugura ¿Cambiemos? ¿Mosca? ¿Vidal? Sería el colmo fuera el bali.

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