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Nota 1290 - (3ª Época)

De esto y aquello

oct. 22, 2017 08:26

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Lo de Cataluña a estas alturas raya en lo inconcebible y marea. A lo largo de mucho tiempo, que suma décadas y en ellas  se suceden cientos de miles de generaciones, cuya suma vital es estremecedora, al contar siempre lo mismo y padecer siempre lo mismo. Durante años, generaciones enteras leyendo los mismos titulares, aguantando las mismas humillaciones, soportando los mismos enfrentamientos, a la vez que se ahondan los sinsabores, como consecuencia  de la consciente perversidad de esperpentos humanos dedicados a destruir el tejido social. Y que ya ha hecho mella, gracias a los propios catalanes o mejor dicho, a una pequeña porción de catalanes; todos ellos politiquillos sin envergadura moral, ni enjundia  para estadistas, y a cuestas con sus mochilas llenas de una repugnante incultura.

     Y al cabo se vislumbra que se está ante mentes romas o planas y junto a ellos, junto a los políticos, una cohorte de malsanos empresarios. Sin vergüenza alguna, los unos y los otros  viviendo con soltura  a la sombra del dinero de todos los españoles. A lo cual hay que sumar la desidia del gobierno central durante décadas, mientras los votos volaban  desde la meseta al  mar y viceversa. O sea, lo de siempre, los pueblos por un lado y los políticos por otro. No falla. Durante el desgobierno de esta gentuza lo único que tenían y mantenía en sus mentes era enfrentar, dividir en primer lugar a los catalanes y por efecto dominó a todos los españoles; por supuesto lo han logrado, pero no sabían que amén de que el tiro les ha salido por la culata, el tiro les ha dado de lleno a ellos y a Cataluña.

     Ellos ricos y los catalanes ahítos de rencor y resentimiento. Pobre Cataluña, porque a medida que intimidaban y cantaban loas a un nacionalismo trasnochado y xenófobo, mientras escupían banderas y retratos nacionales y reales, edificaban una historia de mentiras y echaban a correr suertes de imbecilidad; sin olvidar lo que les unía, sajar las arcas autónomas como nunca había sucedido. Y todo ello revestido con el traje de una persecución rastrera e ideológica alimentada desde el fondo perverso de sus seres; y parecida cada vez más  a aquello que les sostenía. El nazismo puro y duro. 

     Todo ha sido tan grotesco en las últimas semanas que la guinda del postre ha sido un golpe de estado; que curiosamente, lo presentan como si se tratara de una simple reyerta en la vía pública. Porque nadie les ha coartado la libertad capaz de coartarles la faena de esclavizar  a quienes no piensan como ellos que son la enorme mayoría. Porque solo les une la avaricia y solo trabajan para enfrentar, porque nadie les ha dicho nada durante años y de alguna manera les daban alas para hacer lo inusual, es decir lo que no se le puede ocurrir a gente sana de mollera. Pero claro, nadie les decía algo porque es lo que está mandado, al punto de llegar como lo más natural a descalabrar sus lares, los lares de todos; y los lares europeos que no quieren ver contagios mafiosos.

     Y así se ha visto al gobierno  poniendo paños tibios y tratando de diluir la cosa -o res pública- porque en definitiva, lo que importa, lo que salta a la vista de todos, es que los unos y los otros, que al cabo son los mismos, o sea españoles, anden a las cornadas y enfrentamientos, mientras el gobierno como otros gobiernos que conocemos muy bien son renuentes a tomar el toro por las astas, y así no va, y cunde en los buenos la decepción; porque cuando los españoles esperaban cárceles, el señor presidente, por poco les pedía de rodillas, muchachos por favor digan que no, así no les hago nada y asunto arreglado. Y ahora, cuando asustados presentan cierto interés en sanar la empresa del odio, es tarde, porque para peor, también esa empresa como las otras ya famosas, desde hace décadas, han sacado afuera la sede social; para que desparramada por el territorio, alimente a todos;

     Y en una de esas hasta puede haber contagios mayores. Triste pero real.  Tan real como se ha llegado a tal extremo que es necesario traer a colación a Goya. A uno de sus cuadros, el de los dos hombres que se pelean a garrotazo limpio y a pesar de todo, lleno de luz como adelantando alguna esperanza. Se ha querido ver, o se ven, las guerras fratricidas, o la violencia pura y dura, o al extremo a que se llega, cuando los graves asuntos no se tratan ni acomodan cuando debe ser. Que es lo que está pasando en Cataluña, que dejarán todo lleno de colgajos para que resucite la violencia en no mucho tiempo, pues hay que ver que los malandrines de la Generalidad no son nenes de pecho, y ya que estamos, tampoco son  capaces de poner el pecho que eso se lo dejan al personal.

     Pues a estos se les azuza, a unos con dinero y a otros con promesas, y destruyen por doquier, a la vez que se destruyen ellos mismos. Es el cuadro de Goya o la pelea de famosa película a jamonazo limpio, debajo de uno de los famosos toros que miran a metros de las carreteras y que esta escoria expolia del paisaje. Porque estos depredadores sociales son los que se enternecen con los pobrecitos galgos corriendo carreras, que es lo que les gusta, a los galgos, claro, o se alegran cuando el toro mata al torero. O sea, son los que prohíben porque lo dicen ellos y siempre encuentran los tontos que aplauden, como el otro día que los malos eran la Guardia Civil y la Policía Nacional, y los Mossos subversivos, eran los buenos. Como por aquí se puede tirar proyectiles al presidente  pero este no puede tomar cartas en el asunto porque nos quejamos a la ONU. O sea, la joda allí y aquí. Veremos ahora, que se permiten con el 155. Y si hay cárcel que es lo esperable.

La Mañana

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