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Nota 1321 - (3ª Época)

De esto y aquello

may. 27, 2018 10:56

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez  

  A mí, no hay algo que me interese más, que una boda de ingleses, y sobre todo si es real.  Real, no porque está ahí, y se puede tocar;  me refiero a real de realeza, de reyes, príncipes y todo eso. Me ha puesto tan contento que la pasaran en directo porque tiene un no sé qué, que llama la atención; lástima que no es en francés que queda más chic, pero claro por esas tierras pasó la guillotina. Ahora bien, adonde iba, que el acontecimiento sin duda logró que los argentinos acostumbrados a que periódicamente le metan manos y pies en el bolsillo y en idioma argentino, digo, parece han logrado presentarla a la manera de una hermosa cortina de humo  con abundante colorido, para olvidar los estragos que nos ha traído esta democracia que hemos sabido conseguir; en buena hora, por otra parte. Que no hay remedio.

     Qué curioso, esta frase me ha hecho pensar, pues todos los estragos a nivel mundial llegan con las guerras; sin embargo, aquí más civilizados, siempre con la paz y con unas democracias sustentables. ¡Para que se enteren, por el mundo! Que para eso somos cultos. Y tales asuntos hay que tomarlo como fuego amigo. Parece como si hubiera una imperiosa necesidad para que medren balis, podemos, desencuentros y hartazgos varios. Había que llenar páginas y páginas para esconder los miles de millones de dólares perdidos en horas. Yo me he preguntado bastante seguido que si se escurren  hacia el mercado miles de millones para amigos, enemigos, adversarios y tunantes varios, para que pedir, si ya estaban como reserva. Es decir en vez de regalar las reservas las ponemos a trabajar. Nadie impide fijar el dólar y trabajar con lo propio, eso sí, con conciencia patriótica y a futuro. Por los hijos que queda muy bonito pero no se hace.

     No los de arriba que ya tienen la pavita servida, no los de abajo que siempre se la dan cocinada y tampoco se calientan por echarla; y los del medio lo de siempre. A trabajar y a joderse.  Y además, acostumbran pedir el voto con delicadeza o de forma encarecida, dependiendo del tenor de la tormenta, aunque eternamente estragados. Usted lector tiene, pongamos setenta años. ¿Cuántas devaluaciones le han tocado? O sea, cuantas veces le han robado el futuro propio y el de su prole, sin comerla ni beberla.  Sucede que esos señores aman a los pobres y quieren haya más. Que en los últimos años los unos y los otros han convertido el estado en una máquina de producir pobres. Y de alta complejidad, la máquina, claro. Y los del medio siempre estragados. O sea, los dolores que traen los dólares. 

     Porque no me puedo convencer que este gobierno y a esta altura, me haya quitado treinta y cinco pesos de cada cien por mala praxis o perversidad, que está por verse. Por supuesto no se lo perdono, porque después de décadas de muerte e infortunio podían ser mayores de edad para la patria y para los que en ella viven. Se entiende. Por otra parte y desconozco si usted lector lo sabía, más del noventa por ciento de las naciones  mantienen un dólar fijo y les va muy bien y mandan en lo suyo. Y lo único que falta que buena parte del empréstito se lo lleven otra vez cuatro tunantes; y que gracias a la flotación tiren otra vez a la  a la línea de flotación de la nave ya bastante escorada. De no creer. Y suponen arreglar el estofado, con darle más fuerza a uno y quitárselas a otros. No se pueden ver.

     Y ahora les ha dado por enojarse con los que enojados los critican. Y dale con la soberbia. Vuelvo a recordar lo de la revolución francesa que el bueno, Robespierre, al no meter en prisión a tres o cuatro que tenía a menos de tres metros en la asamblea, pues terminó en  la guillotina. Y si por aquí continúan descuidando el patrimonio al no reparar en quienes han robado la  nación en alrededor de media docena de productos brutos y no los ponen a buen recaudo, recordar y recordarles, aquello de cosas veredes Sancho. Tampoco hay que olvidar que por  abultar a diario el inventario de los perversos no se llega a ningún lado pues los soberbios gustan de que hablen de ellos, no importa si mal o bien. Es como un orgasmo  que regala el poder.  También es cierto que los placeres son por onzas y los males por arrobas que diría Sancho o mi abuela, que ahora no recuerdo. De todas maneras no veo a estos políticos y politiquillos pesando males en arrobas, porque en definitiva al no estar a buen recaudo se quedan con las onzas del placer. Y por si no bastare, ahí andan los ceos enhiestos y malhumorados, a sablazos entre ellos.

     Que todos y eso es lo triste, quieren permanecer. Y tras llovido, mojado. Dan pena. Soberbios y no muy aptos para conformar un gabinete de un país como Argentina, nada fácil en la actualidad que esa es la enseñanza del pasado reciente; Y estas pasiones bastan  para tomar conciencia del  atroz pasado y del turbulento  presente. Porque tendrán un dni pero no son argentinos de ley. Donde nos descuidemos, otra vez a la deriva. Después de todo hemos estado en un tris de volcar. Y se ha llegado a tal extremo de incertidumbre y cansancio que es difícil entender si ha sido por mala praxis o adrede. Que se torna enojoso pensar que es peor. Y en vez de alquilar al Barba que es demasiado pedante y con poco caracú de estos singulares parajes, que no hay, hoy, pueblo a la par, y es de suyo alquilar otro, más acorde. A mí me parece que puedo hablar de economía porque nada se del tema, como ellos, pero creo, me parece, sin pensar en herir susceptibilidades, válgame Dios, que mejor sería alquilar un Nóbel de economía. ¿Por qué no? Qué o quién lo impide.

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