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Nota 1323 - (3ª Época)

De esto y aquello

jun. 10, 2018 11:37

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

No deja de ser llamativa la mirada dispar de los periodistas ante un hecho cualquiera, ya sea de peso o sin él.  Tampoco, claro, tienen que ser iguales. En el prefacio para romper España me ha llamado la atención el impacto causado en ellos. Para algunos sobresale que Sánchez no ha votado por Dios y los Evangelios. Lo tétrico, es que conociéndolo, a poco de escarbar sería lo único en común con su pasado; y en una de esas, es pose. Quiero decir que por definición debe ser  ateo. Que no crea en Dios es lo de menos; el problema es que no cree en España. Y eso no es ateísmo, es traición. Desde hace mucho tiempo la han ido sujetando, la traición digo, para desatarla después de las chanchadas que quedan en el camino. O sea, que el Poder que disuelve naciones lo hace muy bien. Sabe esperar, mientras preparan advenedizos.

     Nadie sabe de dónde salen y sin embargo, llegan a presidentes. Ha comenzado lo que tantos años se venía esperando desde la periferia y ahora también desde la centralidad. El descuartizamiento de España; y en ello en comisión o por omisión Rajoy. Podía haber renunciado y subía la vicepresidenta. Hace meses que hablo del paralelismo entre Cataluña y Argentina; Rajoy de alguna manera felicitaba a los golpistas y Macri como es de conocimiento público gusta dejar sueltos a quienes lo han de crucificar como a Rajoy. A mí el uno y el otro me importan poco después de haber esperado tanto de ambos; aquel ya ha roto España y éste parece en camino. En la calle o en las urnas pueden estar quienes le harán la moción de censura, o algo similar.

     Salvo que haya aprendido la lección y corte alas a los que tiene alrededor, y a quienes han ganado la calle para desbarrancar Argentina. Qué triste, mis dos patrias, mis dos banderas.  ¿Alguien le ha preguntado al presidente para qué aderezó las cárceles, si no tenía intención de usarlas? Por otra parte, se ha dado cuenta que la gente no es la de antes que aplaudía a rabiar. Se siente triste, desangelada y traicionada. Y por si no bastare, pocos creen ha sido por mala praxis del famoso equipo, sino al contrario, por buena praxis, pero para ellos. Y en “ellos” que se metan los que quepan. Que en los últimos meses se atiende más y mejor a los piqueteros, que a los que no pueden pasar.

     No entienden que el pro, guste o disguste, es de origen  peronista, podríamos decir del bueno o de diverso origen que da nacimiento a coaliciones. Después de la experiencia capitalina, salen  a por más, y se suman aquellos que gustan correr tras el furgón de cola y colarse; que ya se irá andando. Pero no se puede hacer camino sin el apoyo de los radicales que, al cabo, lo auparon al poder. Y ya arribados han pretendido echarlos de la barca, y buena parte de los desastres acontecen por esquivar a  quienes poseen experiencia política. Tampoco se dice o no lo saben, que lo nuevo pretenden edificarlo, mientras tiran abajo los dos partidos mayoritarios y viejos, porque a las nuevas democracias, suponiendo sean eso, les molesta el pasado.

     Después de los  grandes de la Generación del Ochenta vino el irigoyenismo y el peronismo del primer Perón. Después el páramo; y en solitario se yergue Illia y el otro día en comité radical se hacía hincapié en su pobreza. Con Sarmiento se hace hincapié que fue maestro; pero ambos fueron mucho más que eso. Solo señalan lo anecdótico. Ambos tenían agallas y ambos tenían una amplísima cultura y ambos eran humanistas y ambos tenían planes. Y lo asemejo, guardando las distancias ante uno de los hombres de mayor peso que ha dado el mundo; por eso lo silencian. Pues bien, los planes de ambos no gustaron en demasía, pero los de Sarmiento, han quedado porque aún sus adversarios eran pares en todo; y todos amaban la patria.

     Illia no tuvo pares,  pues hasta los niños de pecho paraban de mamar para instar a la madre a echar a Illia, que lo he escrito en esta columna muchas de veces, cuando nadie se acordaba de Illia.  Porque había que olvidarlo. Cualquiera sabe que el petróleo y el plan de salud, acabó  con su mandato. Lo echaron todos los habitantes. Los civiles y militares, peronistas y radicales, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, niños y adultos, cómicos estúpidos y serios, en paralelo. Argentina perdió entrar al mundo y en ello tuvieron más arte y parte los civiles que los militares.  Y hoy andamos a ciegas, porque se acuerdan tarde de Illia y porque el único plan que hay desde hace años es romper los dos partidos mayoritarios. Que Alfonsín lo hizo y Menen más vivo se aferró al logo y al caballo de pintas. Que por lo regular los más jodidos siempre son más vivos. Lo hemos visto entre las palmeras.

     De manera, que cualquiera que profundice un poco en el futuro que lo advierte el presente, supongo, podrían pensar o al menos a mi me lo parece que los radicales tienen una tarea muy especial que es salvaguardar el futuro de Cambiemos, porque al paso que vamos, con la soberbia como bandera no vamos a ir muy lejos. Así que asistí a un acto político. O mejor dicho, a una presentación política con el recuerdo de Illia como anzuelo y que portaba el hijo traído por Morán. O sea un acto buscando posicionarse el nombrado y con poca gente. Lo lógico, puesto que todos andan mirando para otro lado; al punto, que curiosamente, los promotores primero se desgajan del tronco para luego decir que hay que construir el árbol. Los divididos piden la unidad asidos a la división. Me ha quedado la duda si presencié una metáfora o un paradigma, que últimamente se usa mucho; y poco, recordar a los grandes. El de Illia estuvo muy bien.

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