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Nota 1323 - (3ª Época)

De esto y aquello

jun. 17, 2018 12:18

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Hay sucesos cotidianos que al repetirse de forma mecánica, miden el tiempo que pasa. Una medida que se acrecienta en consonancia con la edad de la mirada y la densidad del acontecer social; porque al cabo se pueden ver de distinta manera, porque distinta es la manera, en que fluye el tiempo en unos y otros; en el individuo y en el acontecer.  Y las cuestiones diarias tanto las propias, como  la de todos o de la sociedad. En tal caso es difícil entender hasta donde la edad está midiendo el tiempo de la realidad. Porque, quizá la realidad no cesa de ser igual y parecerse a sí misma un día y otro día. Y en tal caso no es por la edad, sino por la abulia y dejadez que se desprende de la poca edad política que tienen los políticos dedicados a desbaratar lo que se está andando, a desbarrancar proyectos; sean de peso o livianos.

     Macana tras  macana para decirlo educadamente.  Y como nada se presenta distinto, los medios periodísticos nada traen diferente, siempre el incremento de la corrupción. Lo distinto, por decirlo de alguna manera, es el nombre del nuevo corrupto o corrupta. Es decir, que lo distinto es el nuevo que pasa a  formar parte del conjunto de corruptos. Y nada más, un nombre más que se prorroga, igual que todos ellos, por la calle, sin temor alguno.  Y hasta realizarán obra pública por el invento ese de PPP. O sea, un premio que otorga el gobierno a quienes tenían enterrado el dinero, o en inmuebles, tierras y semovientes. Ahora lo lavarán haciendo una carretera o lo que  manden. Corruptos hasta el cansancio, sin que se cansen en la  cárcel.

     En realidad se cansan cuando sudan eternizando la juventud o buscándola en los brillos de los aparatos o en las largas caminatas. Y mientras sudan el buzo, pasan al lado de la gente, riendo por bajeras.  En los ratos de ocio después de trabajar por la patria, se  reúnen  los buenos y los malos los pros sin pro, los que no quieren cambiar aunque se pueda, y los que dicen si se puede,  y se arriman en asados y toman café, mientras hacen planes y cada uno espera la vez sin interceptar al otro; muy por el contrario ayudándose sin que nadie se dé por enterado. E incluso y aunque usted lector no se lo crea se nombran  como testaferros los unos de los otros,  a la manera de un tremendo sacrificio.

     Sin rubor se les ve a cada rato, flameando en lo cotidiano, escurridizos por  la vecindad. Y la tremenda paradoja se organiza, en que la novedad o lo nuevo, es lo que a diario sucede desde hace más de tres años que ninguno va a la cárcel, Y al cabo se hace presente la rutina, todo es soso, insulso, desabrido,  sin sustancia, con gentes abúlicas, lo que se buscaba. Todo termina en un ambiente descafeinado con la lectura repetitiva del nuevo corrupto capaz de ilustrar los días, pero a la gente ya le importa tres pimientos lo buscado aquel voto, ya lejano. El cambio, claro. Pero está triste y se siente traicionada. Y no le queda otra opción que la misma desde hace medio siglo: elegir al menos malo. Es de suponer que debe ser algo muy triste para un político si de verdad tiene vuelo.

     Y en la última mirada tras el ocaso diario, se les ve pasar horondos y bien entrenados en sus fierros.   Y como el tiempo se sucede trastocado  pues ya es viernes. Curiosamente  para cuando el hombre y la mujer de las graderías, se quieren acordar, ya  es viernes. Me sucede por la mañana cuando me afeito y con la primera mirada al espejo que poco me dice, veo con cierto pasmo, que se han sucedido veinticuatro horas y parece hace un rato hacía lo mismo. A todos les pasa igual, y cuando salen a la calle se  dan cuenta que es igual que ayer, que las caras son largas como ayer, que los ceños andan fruncidos como ayer, y que nuestros políticos desde el mayor al más pequeño no han hecho nada nuevo para alegrarte la vida, como ayer. Al contrario, como ayer, la gozan, basta verles las caras de placer.

     Los informativos son los mismos desde hace años. Los titulares poco o nada cambian a veces ponen sinónimos. Siempre iguales si usted  lector tiene su diario de meses atrás verá que ayer estaba los mismos titulares porque el país ha sido incapaz de arreglar el gran entuerto y los pequeños entuertos a la manera de esquirlas que hieren, y datan de muchos años atrás. Es un entuerto viejo. Con una longevidad a toda prueba. Un ayer que se extiende hasta donde cada cual quiera extenderlo. En una palabra la rutina sin consideración, mensura el tiempo dramáticamente. Se trata de un tiempo que te atropella. Y este es el rutinario paraíso conseguido democráticamente. El que trabaja, es decir la mayoría, cada día gana menos. Los vagos  dedicados a la política, al menos la mayoría, ladrones del desgobierno anterior  y algunos de este desgobierno, apuestan, como es de rigor a ganarlo todo rápido.

     Sin dar golpe ni agacharse en algún trabajo, y junto a los caranchos que vienen de afuera por la vieja mesa financiera de los dólares sueltos. Y  levantan fortunas siderales. Lo pasado en los últimos días con los sabios  del Gabinete es  de terror. Para vestir unos diablos desnudan al país. Con la movida del dólar a placer, regala reservas por diez mil millones de dólares a balis, podemos, camporitas y afines, más los cuervos -con perdón del famoso pájaro-, venidos de afuera. ¡Y sale a pedir cincuenta mil millones! ¿ …Para cuándo el dólar fijo?  No deja de ser una triste e hilarante tragicomedia; dan ganas de reír, si no fuera porque estamos en el medio los que valemos para algo. O sea, para trabajar.  Pero la rutina va. Todos están acusados y nadie toma posesión de dependencias tan remozadas. Supongo con  buena cantidad de estrellas.

 

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