San Carlos de Bolívar

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Nota 1325 - (3ª Época)

De esto y aquello

jun. 24, 2018 12:09

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

El Presidente estuvo en Canadá, un país fuera de serie del cual nunca se escucha nada, pero, curiosamente, está; y está donde debe estar. Bien, pero a su vuelta y según mi lectura de los diarios  ninguno o ninguna de los pesos pesados que le felicitaban y abrazaban, le decían que fije el dólar como todos ellos le tienen fijo y recontra fijo, o con tenue flotación y sin argentinos al cuidado. Tenerlo fijo, significa que un gobierno piensa por y para su país, y ese país, éste, por ejemplo, sabría cuánto cuesta verdaderamente un dólar. Tenerlo fijo es nada más y nada menos que tener estabilidad, y en consecuencia todo es previsible, aunque para ello hay que echar de donde están a los discípulos del cavallo. Tenerlo fijo significa que tanto las empresas como las personas pueden proyectar, que tengo entendido no es poca cosa.

     No es menos cierto, que hace medio siglo que Argentina es poca cosa, gracias al erial en que la han convertido los secos de seso. Balillas, podemitos y camporitas, entre otros de la banda inclusoria. Tenerlo fijo significa que el que vende al exterior o el hombre o la mujer o los diputados, el mismo bali por ejemplo, si salen al exterior saben  cómo comportarse. Tenerlo fijo, sería al menos, en este país, la única manera de crecer y saber que pasará mañana, algo que desde hace quince años no le interesa a nadie. Y por eso estamos así. No le interesa a la industria, no le interesa a la educación, no le interesa a la cultura. Tampoco les interesa a los políticos, sin importar palo; porque lo que en realidad no les interesa es Argentina. Solo viven para saber a cuanto cierra el dólar o si llueve el fin de semana o dentro un rato. En una palabra es como si nada hubiera pasado y como si el Edén prometido fuera una realidad.

     Porque de acuerdo a lo que se lee han pedido dinero al fondo para frenar el dólar o para que no se mueva o para que sea bueno o para que no sea tuto o para bien de todos ellos y que otra vez se repartan los buenos y los malos varios miles de millones sumados a los diez mil millones; que son doce, según algunos. Pues bien, repito por enésima vez que semejante cantidad desconozco para que sirve o para qué alcanza, o cuantos caramelos se pueden comprar con esa cifra, o cuantas escuelas sin baradel se pueden construir, o cuantas veces se pueden agrandar las universidades, o cuantos ferrocarriles entran en semejante cifra sin gremialistas de lujo, o cuantas veces se puede arreglar de una puñetera vez la cuenca del Salado o si es posible con ella arreglar en su totalidad y en todos los niveles La Matanza sin la señora que manda y dirige. Solo sé que cada vez confío menos en aquellos que van a lo suyo y olvidan que nosotros también queremos lo nuestro.

     Y van tres años sin arreglos.  De lo que si estoy seguro es donde está el mal y loos malos. Escuché a una legisladora pro  aborto dos o tres minutos, lo que tardé en calentar agua para tomar unos mates y no era precisamente para alquilar balcones la señora. Gritaba como una energúmena, con un odio que supongo le saldría por los poros; y no venía al caso. Me pareció oportuno pensar que le importaba tres pimientos el aborto, al igual que la mayoría, que ha sido vergonzoso y no porque haya salido que saldrá, cuando importe, sino porque para salir ha entrado por muchos resquicios algo más que kilos de palabras y puteadas. Pero la forma de gritar y el odio que rezumaba decía a las claras que con estas legisladoras es imposible arreglar nada y seguramente pertenecía a la cohorte de las que irritan con la inclusión. Y es lógico preguntarse, si ese grito y los colindantes, no están amasados para que no se cueza el pan de la patria. Y al cabo, ni siquiera eran conscientes que se trataba del hueso tirado a la calle para que quienes gritan afilen los dientes.

     Y me parecía que aún gritando  y aún con odio no se quedan horas y horas, incluidas las nocturnas, para pedir por un dólar fijo, que sin desmerecer nada de lo que hay, no  merecemos nos quiten la vida, si la vida, porque el mayor factor de riesgo que acosa a la enfermedad son los políticos, mucho peor que el tabaco o el colesterol o la hipertensión. La gente se enferma con las políticas idiotas de los políticos sin sentido político. Pero de eso nadie se espanta, ni grita con odio o sin él. Salen a la calle por bolsillo. Es llamativo que estén midiendo el dinero pedido para ver cuánto es necesario para trabar al dólar que no derive, que me parece es echar gasolina al fuego. Sin duda inentendible. Es de esperar quede para puestos de trabajo.

     Desconozco si usted lector sabe a que equivalen doce mil millones de dólares. Porque  falta que volvamos con la tramoya de sacar de la reserva para que los carroñeros se distribuyan a placer los millones. Pero un amigo ha hecho el cálculo de a cuanto equivale lo expoliado al pueblo argentino en dos semanas, gracias al trabajo de alta calidad con el dólar; algo que a nadie se le pasó por el magín que podía hacer este gobierno. Todo ha quedado en pena, bronca y traición. Pues bien todos conocen el triste papel de Cristóbal López, que no se si está preso o suelto, como el dólar. El desfalco al país equivale exactamente a treinta López. Suponen, se arregla cambiando puestos en el gabinete, o quitando a unos y poniendo a otros, que estaban en otro sitio. Nuestros  políticos sirven para todo. Pero durante años hemos visto que ni para todo ni para nada. Mirando en derredor y entre las vallas, surge apabullante la chatura en la mayoría.

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