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Nota 1327 - (3ª Época)

De esto y aquello

jul. 08, 2018 10:27

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Es asombroso, la flema de buena parte de los diputados y senadores. Porque cuando es necesario acceder al tratamiento de cuestiones que, como mínimo son problemas, a ellos, por lo general parece resbalarles al punto que un día dicen una cosa y al siguiente otra. Y en múltiples ocasiones tan distintas que parecen ajenas. Quiero decir que pueden cambiar eternamente y de hecho lo hacen;  si la cosa se dilata o es necesario dilatarla. Tal el asunto del aborto que no es poca cosa. Se me ocurre que alguien de la calle puede estar desorientado ante asunto de tanto peso. En tal caso no pasa nada, y en el fondo todos tienen posición y además puede ocurrir que a la gente le interesan otras cosas que por lo regular no son tan importantes, aunque cada vez más, también son expertos en cortinas de humo.

     Pero así es la vida de cada uno y de las naciones. Sin embargo, es inconcebible que diputados y senadores  horas antes de las votaciones anden indecisos. Lo cual es una vergüenza y con eso solo, me atrevería a solicitar el desafuero. Y si en una cuestión tan ríspida,  no saben no contestan, lo que se puede esperar de lo demás. O quizás esa gente viva muy bien metiendo la cabeza bajo el ala. O peor, trabajando de indeciso. Porque recuerdo por enésima vez que dado que los fueros son míos y se los presto, por lo menos, deberían distinguir las variables en la mirada ajena, y el alto significado de los asuntos en trámite. Porque esos senadores, al no tener conciencia de lo que supone su alto rango, dejan siempre los graves asuntos en manos de minorías, que por lo regular, no regulan bien; y hasta ridículas muchas veces, para decirlo asépticamente.

     Y sucede que después que pierden las elecciones por mala praxis contra la patria, presentan al ganador como populista y todas esas chorradas que ellos han creado y criado;  olvidando que ha crecido gracias al  mal manejo de la cosa pública. Pero como han sido entrenados para envenenar, lo hacen, sin importar los enfrentamientos que se sostienen aledaños. O sea, lo buscado. Un problema tras otro sin resolver ninguno; mientras tanto, lo que tanto les gusta a los hemiciclos, ciudadanos enfrentados entre sí, la cara larga, el ceño fruncido, los gritos,  y sobre todo la mala educación que se siente y se consiente. Tenemos la muestra en doce años argentinos y en unos cuantos españoles. Ambos países, que son, curiosamente, mis dos naciones, andan disputando una carrera desesperada a ver quién gana haciéndolo peor que el otro. Los nuestros y los de Rajoy.

     Les gusta ganar, pero ganan aunque pierdan porque así está establecido por los arribas. Sin embargo, no dan el brazo a torcer. Pierden, porque han hechos mal las cosas y aunque parezca mentira, gana el otro, justamente por eso, Si son malos no hay que echar culpas al que peor. Porque el problema es que hay cuarenta millones de buenos, aunque algunos se salen del saco; que así son las naciones. Y a este gobierno le pasará que le pasarán por encima aquellos que ha preferido dejar sueltos, y hasta el propio presidente les da luz. Nadie se acuerda de las toneladas de dineros perdidos, con patriótico frenesí. El problema es que gracias al señor presidente no logramos encontrarlos.  Es grave que nadie esté en su sitio que para ello se votó allá lejos y parece ya mucho tiempo. Si el señor presidente prefiere que todo siga igual, o sea, peor, que lo diga para arriar la ilusión.

     Porque como es habitual Argentina se ha hundido otra vez; pero emergente, claro. Ahora el país es mirado con mejores ojos, porque de un día para otro ha crecido, al punto de ser emergente. Pero sucede que el mundo se está poniendo difícil y en cualquier momento por aquí o por allí podemitos o similares hacen saltar en añicos un país, cualquiera, este, por ejemplo, gracias a los ceos inservibles que en comisión o por omisión, que algún día se sabrá, nos empujan a empezar de nuevo. Y otra vez la desilusión de las capas medias que anhelaban y creían en una salida, un acaecer distinto y hasta confiable.  Sin embargo, a empezar otra vez. Eso sí, con las bendiciones del Papa; y las malas artes de los oficiantes del gabinete.

     Porque, todo está igual. Y el gabinete me recuerda  dos cosas a diario. La primera es que los anteriores son malos pero éstos los aman; y nadie sabe hasta dónde llega el amor que los deja  sueltos. Y la segunda que al parecer no sirven para mucho, justamente por querer a los anteriores, y no saber o no querer, que Argentina de el salto, pero de verdad, no con la impotencia diaria del verso sobre el dólar. Que es un tema que produce acoso y por ende asco. Pero al dejar a su aire a los que deberían estar encerrados se ve a las claras que la guerra diaria de gritos intempestivos, de cortes y piquetes, y de malos modales seguirán por los siglos de los siglos, y mientras, se vacía a la gente de su identidad nacional.

     Para muestra el botón del socialista español, emergente del mal,  que pretendía entregar  RTVE nada más y nada menos que a Podemos. Una buena manera de llevar a la barbarie como ha sucedido aquí, donde los entes oficiales  inyectan a diario veneno hacia el pasado, mientras al presidente, a su gabinete y al pedante asesor parece importarles tres pimientos. Que al fin y al cabo, parece que todos son maestros en quitar identidades. Y en esto son todos maestros. Basta ver las fiestas nacionales. Y mientras tanto todas las metas soñadas se van al traste. Y la pregunta casi secular, de la imposibilidad, de que en un país tan rico no se pueda vivir de maravilla. Sería interesante saber a ciencia cierta si han de persistir los nubarrones para arriar la ilusión.

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