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Nota 1328 - (3ª Época)

De esto y aquello

jul. 15, 2018 16:06

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

No deja de llamar la atención la manera engañosa o artificiosa de desarmar la atención de cada uno y dirigirla a lugares físicos o estamentos de la conciencia, donde los mal intencionados prefieren fijen la atención. Y para eso están, entre otros, los que salen a la calle  porque trabajan de obstruccionistas y ganan bien, la verdad sea dicha;  y los que salen a las calles con la consigna en la boca, que también cobran; y no salen, y lo saben bien los políticos, quienes  trabajando siempre, desde siempre son relegados ante la existencia de la indebida atención general. Supongo que para nadie, con al menos dos dedos de frente, puede pasar desapercibido que aquí y en el mundo mandan las minorías, pequeñas minorías, grupitos y grupúsculos, y no porque sepan, sino porque gritan y alborotan y al parecer la gente cree en eso, y a veces en cantidad; y porque tienen dinero y son bien vistas desde el poder, porque dividen, y por lo regular se salen con la suya.

     De tal manera las mayorías están henchidas de pequeñas minorías, aunque curiosamente, puestas en la balanza no suman. Por el contrario, restan y peligrosamente. Hoy tiene más importancia cualquiera que pide la prohibición de lo que sea, siempre que acuse solera y tradición, que el bien visto pretenda aderezar algo que sume para todos. Hoy a las mayorías se las enfrenta y mantiene en continua zozobra desde grupúsculos a los que sí se les presta atención.  Y así caen los toros, los zoológicos, los circos, los galgos, los caballos, los fumadores, las banderas, las tradiciones, lo femenino convertido en percal feminista, inventan jeroglíficos para romper reglas gramaticales, se ponen en pelota porque un machista mordió un paradigma, pobrecito Son especialistas en alentar displacer aunque se visten de placer; o placenteras se desvisten.  ¿Por qué hay que hacer lo que exigen las minorías?

     Y enfrente, según las críticas, se arguye que en los últimos meses el gobierno no sabe de política, lo cual no es ninguna revelación, pues nunca supo ni quiso escuchar a quienes sabían. Le bastan los consejos del extranjero; y así estamos. En realidad ignoran muchas más cosas que la política. Porque suponían les bastaba con un cierto pragmatismo sin color, pero a la larga ha dado como gran resultado que desde el primer día están todos peleados, y por si no bastare ya se pelean por la herencia. Y el asunto pasa porque la gente del gabinete, cuando saltan los problemas y hasta se les desmadran, cada uno los ve distintos agrandando el problema, y al desenrollar la cuestión, no la discuten  con altura, y aunque parezca mentira, se tiran con lo que tienen.

     Y lo tremendo es que, ni son políticos ni quieren escuchar a los que saben algo de ella, que en esto hay bastantes. Y sobre todo dejan de lado, adrede, a los que saben de verdad que los envidian a quintales. Y sobre todo cuando la pifian y en los últimos meses ha sido a lo grande, toman conciencia  que han perdido el norte y tardarán en salir a barlovento. En esto son como los camporitas que han estado y continúan, en puestos inmerecidos en donde ni han trabajado ni han querido aprender.   Que al fin y al cabo, en Argentina, la matriz siempre es la misma, después que murieron los últimos de la famosa generación del ochenta. Y para más inri, ninguno de los que de verdad saben política, recuerdan al presente, que iban a meter presos a medio país.

     Entonces te salen con eso de que el gobierno tiene que afianzar la maquinaria política. Pero aunque lo haga, no se salva. Están creídos  que sobreviven porque la gente olvida los términos de las promesas. Y les guste o no, les van a pasar factura, porque los votaron para limpiar la patria no para embarrarla, y aquello significaba poner en la cárcel  a los que son dignos de ella. Porque a tres años y medio parece que era mentira lo de la cárcel de Ezeiza. Hasta nos hacían creer si entrarían todos y la ensanchaban, pintaban, y vestían con  los mejores sanitarios; para honrar la patria. O sea, nada cumplido, todo por verse. Y sin dinero.

     Es muy triste que a estas alturas sea necesario aumentar los dineros para atender las justas demandas de los que ya parece no tienen para comer. Y les iban  a dar trabajo. Y todo se fue en el dólar evaporado. Un desfalco equivalente a  30 desfalcos de Cristóbal. Y todos sueltos. Y por si no bastare vemos que algunos del presente van fabricándose un pasado sin mucha dignidad, porque se puede constatar que  no son tan ejemplares como los pintan; o se pintan. Que se les van las manos. Hacen lo mismo que los que nunca se van. Y peor, los pros y los contras del bracete. Porque estos con aquellos hacen buenos negocios. Al punto que hay municipios que aumentan el personal de los catastros por demanda de terrenos. Que en Argentina lo que sobra es el dinero, pero faltan quienes deberían ganarlo trabajando.

     Y cuando se enojan entre ellos, ahora ya no dicen que son corruptos como hace varios años. Parece mala palabra. Y en consecuencia se desgañitan poniendo a ese o a este dentro del populismo para defenestrar. Porque esto de los populismos es algo tan abstruso, que nadie sabe que es ni como se come, y ello es debido a que en definitiva los unos y los otros son demagogos, mucho o poco, que solo en eso se diferencian. Y ante semejantes prohombres, quienes no son ni lo uno ni lo otro, sino simples ciudadanos, no les queda otro remedio después del paso de estos atilas, que empezar de nuevo. Va casi un siglo, y siempre a empezar otra vez. Mientras tanto los populistas o lo que sean lucran con la miseria que ellos mismos y adrede siembran. O sea, son miserables. De la misma manera que hablan de inclusión a la mañana y excluyen a la tarde.

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