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El noble Kamikaze

oct. 15, 2017 23:19

en Opinión

Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - El noble Kamikaze

Hoy comenzaré la columna siendo autorreferencial, el próximo sábado 21 de octubre en ‘Sin Fronteras’ programa que conduzco y que se emite los sábados de 19 a 21 hs, en la 101.5 Mhz y por la web: www.radiofederalbolivar.com.ar, realizaremos un especial dedicado a la figura de Luis Alberto Spinetta, y digo realizaremos porque para homenajear a semejante artista recurriré a la ayuda del periodista, poeta y conductor José ‘Chino’ Castro, especialista y amante en la materia.
Como para ir preparando el terreno dedicaremos la columna de hoy a “Kamikaze”, el álbum que editó Spinetta en 1982, que se ha constituido en una gema preciosa de su discografía.
¿Cómo es posible que un disco cuyo repertorio está compuesto por temas inéditos o de descartes de otros registros (descartes que no necesariamente implican desechos), tenga una unidad tan poderosa, a tal punto de brindarnos la sensación de que todas las canciones han sido escritas en un determinado período de tiempo y con un mismo fin? El secreto de esta hermosa sinergia sonora lo encontramos en el ambiente relajado de un estudio de grabación, (Del Cielito); en la elección instrumental, donde predominan las guitarras acústicas, los teclados de Diego Rapoport, ladero del Flaco por esos días, más el aporte de percusión y energía de David Lebón, otro incondicional; y por supuesto Spinetta con esa voz y su duende al servicio de un ramillete de canciones increíbles que hasta hoy suenan frescas y vivas como si se hubiesen grabado antes de ayer, pero que en realidad datan del período 1969-1978.
“El término kamikaze está utilizado para gente que se juegue por lo creativo - dice Spinetta en ‘Martropía’ biografía sobre el autor, escrita por Juan Carlos Diez - Me da la sensación que cada vez hay menos de ese tipo de kamikazes. Ahora lo más estándar y lo más seguro es lo que pega con la gente. Y, en general, a través de esas ideas no se provocan hechos artísticos. No es que los guíe una intención mala, sino que simplemente no hay ningún resultado musicalmente bueno”,
El Flaco venía del regreso de Almendra y de editar dos discos con Spinetta Jade, el grupo con el cual experimentaba con fusión y jazz, complejos arreglos y destacados instrumentistas. Con “Kamikaze” patea el tablero, empuña su guitarra acústica y con la ayuda de un pianista y un percusionista ocasional graba y sale a presentar un material tan bello como austero. En un punto el Flaco se pone en la piel de un kamikaze al asumir semejante riesgo artístico, aunque hay otra mirada, muy interesante, que la brinda Eduardo Berti en ‘Crónicas e iluminaciones’: el álbum salió en abril de 1982, el mismo mes que el entonces presidente de facto Galtieri le declaraba la guerra a Gran Bretaña en una actitud suicida no para él sino para los pibes caídos en Malvinas.
“El kamikaze se juega por la pasión de lo suyo - explicaba el Flaco en la revista ‘Vida’ - Muere por esa pasión: el rockero con su viola y el médico con su bisturí. No quiero no sentir pasión en lo que estoy haciendo, o hacerlo por un simple y determinado compromiso con la gente. Ese es el gran error. Acá en la Guerra de Malvinas, sé de posta que hubo kamikazes. Pero dejá de lado el plano bélico y ponélo como energía de polenta, aplicálo a la creación, a luchar contra la mediocridad y contra la destrucción del mundo.”
Es justamente el tema que le da nombre al disco el que encabeza la lista de canciones. “Cayó por fin el noble kamikaze / su piel ardió quemando al enemigo / al ser tocado, cambió de rumbo / y apuntó hacia el fin / así le dio razón a su sangre…”, reza la primera estrofa de la canción, basada en ‘Los kamikazes, historia de los pilotos suicidas japoneses en la Segunda Guerra Mundial’ de Francisco Castro, que contiene además, una acusación del investigador Arthur Wilder contra los Estados Unidos por el uso de las bombas atómicas contra Japón, uso que se intentó justificar en parte con la aparición de estos ataques suicidas.
Una de las gemas del álbum es ‘Barro tal vez’, compuesta cuando Spinetta tenía quince años. En su despertar musical el niño Luis Alberto logró tocar su primera canción con tonos, sacado de la revista ‘Noralí’, el tema era ‘Ki Chororó’. Ya en tercer año, compuso dos zambas, inspirado en el cancionero folklórico argentino de los sesenta, una de ellas sin nombre, que nunca la cantó y más tarde olvidó; y la otra era ‘Barro tal vez’, que conservaba para sí otro destino: quince años más tarde sería rescatada por el autor y grabada, alcanzando su rango de clásico.
“Si no canto lo que siento / Me voy a morir por dentro / He de gritarles a los vientos hasta reventar / Aunque sólo quede tiempo en mi lugar / Ya lo estoy queriendo / Ya me estoy volviendo canción / Barro tal vez…” escribió el Flaco en 1965 con una pluma precoz y certera.
Para ‘Aguila de trueno’ Spinetta se inspiró en el sacrificio de Tupac Amaru. “La estrené en 1978 y eso caía justo para el momento político que estábamos viviendo, con los torturados, los presos, los condenados sin tribunal, la gente encontrada culpable por cualquier cosa - le contó el Flaco a Berti - Es más, el tema fue grabado para el disco “A 18’ del sol” (1978) pero quedó afuera a último momento.”
La bellísima ‘Ella también’, que iba a formar parte de la ópera de Almedra que no fue, parece una prima hermana de ‘Muchacha ojos de papel’ y ‘La aventura de la abeja reina’ sorprende gratamente con su ingeniosa fábula.
El tema más rítmico del disco es ‘Y tu amor es una vieja medalla’ con David Lebón percutiendo un tambor de banqueta en cuero.
“Y deberás amar, amar, amar hasta morir / Y deberás crecer sabiendo reír y llorar / La lluvia borra la maldad y lava todas las heridas de tu alma…” canta el Flaco en ‘Quedándote o yéndote’ tema de increíble belleza, con guitarrista y pianista acariciando las delicadas armonías.
‘Casas marcadas’ posee el compromiso de cerrar el disco con ese final con sobre-grabaciones ensoñadas, voces como del más allá y un viento que todo se lo lleva.

Discos de un año marcado a fuego
1982 fue uno de los años más ricos en cuanto a material discográfico del rock argentino. Ayudado por la prohibición de la difundir música en inglés en las radios, el movimiento cobró un resurgimiento inusitado, reflejado claramente en la edición de los discos. Al mismo tiempo que Serú Girán se despedía con “No llores por mí, Argentina”, sus integrantes lanzaban discos solistas: Charly García con “Yendo de la cama al living”, Pedro Aznar con “Pedro Aznar”, y David Lebón se anotaba con “El tiempo es veloz”. Los rosarinos daban la nota: Litto Nebbia editaba ¡tres discos!: un compilado, “10 años después, Volúmen 2”; “Solo piano” y “Llegamos de los barcos”; Juan Carlos Baglietto irrumpía representando a la trova rosarina con “Tiempos difíciles” y “Actuar para vivir”. Gustavo Santaolalla debutaba en plan solista; y en cuanto a las damas: Celeste Carballo se iniciaba con “Me vuelvo cada día más loca”; Sandra Mihanovich edita su álbum homónimo: Gabriela lanzaba desde Los Ángeles “Ubalé” y Marilina Ross, “Soles”.
Es probable que debido a este vendaval de producciones, “Kamikaze” haya quedado un poco relegado al no ser una superproducción ni poseer material nuevo. El tiempo se encargó de poner cada disco en su lugar y estas canciones fueron forjándose un camino, seguras de sus quilates y su valor interior.

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