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LOS EXPONENTES LOCALES DEL GENÉRO VUELVEN AL ME ENCANTA, PERO PERSISTEN ENCRUCIJADAS

El ‘ruido’ del rock

mar. 03, 2017 17:05

en Opinión

Tiene razón la ‘Flaca’ Tiani: lo que más se hace hoy en Bolívar, es rock. Desde tal perspectiva, es imposible dejar al género afuera de un Me enCanta cuya premisa es también erigirse en un ventanal para la música que se elabora en la ciudad. A no ser que nutran la grilla con figuras regionales y nacionales de tango y folclor, lo que implicaría inusitadas erogaciones en una coyuntura económica en la que al gobierno municipal le se le ha puesto peliagudo afrontar la prestación de servicios. Y depender de los artistas que trabajan para programas nacionales, actualmente el Festejar, que envía para esta edición a Palo, Leo García, Frenkel y algunos más, no alcanzaría para vestir una grilla digna.
Si aceptamos que el rock debe ir ‘adentro’, surge otra urticante cuestión: a quién convocar, cómo intentar la titánica tarea de conformar a todos en un pueblo en el que levantás una baldosa y sale un ñato tocando la viola. Nadie quiere calzarse el antipático traje de imponer criterios, porque eso se rasparía la nariz contra la muralla de reclamos de legitimidad de muchos músicos, que empuñarían el clásico “vos quién sos, a quién le ganaste para venir a decirme que no a mí, si a aquel le dijiste sí”. Supongamos que la organización le diera el poder a una suerte de ‘curador’ (cuya contratación implicaría una erogación más), algún entendido que no fuera de Bolívar ni tuviera vinculaciones con los artistas: ¿las bandas aceptarían, por suponer un ejemplo, que el reggae sí y el heavy metal no? Porque un curador tomaría decisiones, y una cosa es incluir reggae en un festival al que concurre una amplia mayoría de adultos y abuelos, y otra, a alguien que rinde tributo al diabólico legado de Black Sabbath. Algunos sostienen que ciertos estilos y propuestas extremas deben tocar temprano, pero la opción dejó más heridos que conformes cuando otras gestiones municipales programaban bandas a las 20 horas, momento en el que en el parque aún no estaban ni los que venden papas fritas pelando el noble tubérculo.
La cuestión de la convocatoria abierta que en aras del pluralismo, la justicia y la inclusión muchos demandan, entraña algunos puntos ríspidos: si dos o tres músicos que se conocen pero no tocan juntos arman una juntada y se aprontan -ha pasado-, ¿alguien, ‘ensayómetro’ en mano, se atrevería a decirles que por ‘poco pique’? ¿Los máximos funcionarios del gobierno comunal respaldarían esa exclusión, o el susodicho tendría que guardarse su ‘ensayómetro’? ¿Qué dirían las bandas que ‘sudan la casaca’ hace añares? ¿Cómo habría que hacer para que queden grillas razonables y no kilométricas, de modo que el encuentro finalice a un horario razonable y no en pleno pináculo de la madrugada cual los festivales boxísticos que organiza el peinado promotor Carlos A. Gasparini? Insistamos con que hoy, en nuestra querida Bolívar te asomás por un tapial y aparece un muñeco rebuscándoselas con un bajo.
No puede obviarse en el análisis que durante la gestión de ‘Bali’ el rock no ha ocupado el centro de la escena, salvo durante 2015, cuando La Caravana Reggae y Xinergia grabaron en un estudio pipí cucú de Baires y tocaron en el coqueto Centro Cultural Kirchner, pero fue más por acción del gobierno de Cristina que del local, que adhirió a una oportuna política nacional que seguramente fue a parar al cargado tacho en el que los gobernantes radimauritos arrojan casi cuanta política popular provenga de la ‘pesada herencia’. Desde 2012 hubo dos encuentros de rock y un prefestival, cuando debió haber habido cinco encuentros. Esto ha hecho que el malestar de los músicos del género esté trepando a niveles de máxima efervescencia, con lo cual a la organización del Me enCanta dejarlos afuera se les ha de estar tornando cada vez más bravo. No creo que estén felices quienes no han tenido la chance del Encuentro de Rock por dos años (el último fue el de 2014) ni la del Me enCanta. Y de mínima, un puñado se halla en esa situación, porque aunque le dieron un lugar al rock local en el festival que comenzará esta noche, hay bandas que querían estar y no fueron invitadas. Con un Encuentro de rock por año, esa ‘bomba’ se descomprimiría.
Encima, todo parece indicar que el Emergente Rock, anunciado ‘en puntas de pie’ en alguna entrevista radial por el director de Cultura, Pablo Bucca (no lo anunció en su face, donde publica una Dirección de Cultura que, al parecer, gusta de gambetear a Prensa municipal), se hizo añicos sin terminar de asomar la frente. En ese festival, encuadrado en un programa del gobierno nacional, iban a tocar, en el parque, bandas locales de rock puro y duro, con el gran Palo Pandolfo como cierre. Pero así las cosas, al menos un par de grupos bolivarenses vienen comiéndose tres no: por ahora naranja del Emergente (lo iban a hacer el finde pasado), re naranja del Me enCanta, para el que nadie gastó un whatsApp por ellos, y naranjita del Encuentro de Rock, que acumula dos años cancelado y que volvería a realizarse en octubre del corriente. Todo bien con el patio de Marta y Sambuca, pero es obvio que a cualquier banda le gustaría ‘curtir’ nuestro escenario mayor, con lo mejor en luces, sonido y logística que se puede conseguir acá.

El gobierno municipal se ha generado un cuello de botella: sin Bolívar Rock, sin el aún ignoto Emergente y con el género que ‘inventaron’ Presley y Berry como el más productivo, en cantidad y acaso además en calidad, entre los géneros musicales que se cuecen hoy en la ciudad (lo que no es “culpa” del elenco gobernante, ya que incluso sería una tendencia, al menos, regional), se ve compelido a incluir rock en el Me enCanta, aunque tampoco parece saludable ni genuino insertar el Bolívar Rock en el festival mayor.

Chino Castro

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