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EL FÚTBOL ARGENTINO AL DESNUDO EN EL MUNDIAL - OPINIÓN

Hasta Sinatra con la voz finita

jun. 25, 2018 14:00

en Opinión

Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - Hasta Sinatra con la voz finita

Escribe: Chino Castro

Si cayera Lennon en nuestra selección, no se le ocurriría una canción. Somos una delicia, estamos cometiendo la proeza de dilapidar al mejor jugador del mundo y a una valiosa generación, y en un contexto así de pútrido quizá pronto llegará el día en que hasta aquelles que defendemos a Messi terminaremos desahuciados no de que no gane ‘su’ puto Mundial, sino de que no demuestre intentarlo. Lamento coincidir con la peor derecha (¿hay una buena?; no, un chistecito…), y ‘mátenme’ si quieren, pero me resultaron abrumadores su rostro compungido desde antes de comenzar el match contra Croacia, su tranco abúlico durante los noventa minutos, su parsimonia en medio de la tempestad, como si minutos antes le hubiesen comunicado que internaron a su madre o que el bueno de Bonadío citó al bueno de su padre. Para no hablar de rebeldía. Fue, como dijo Latorre (Latorre lo dijo, no Flavio Azzaro), el símbolo de la depresión, y sus compañeros, salvo Acuña, Tagliafico e Higuaín, no le fueron en zaga en apatía.

Pero Messi es Messi y no el Messías, que nadie lo es, tampoco el hoy ensalzado Cristiano Ronaldo. Nadie tiene derecho a exigirle que gane un Mundial “para ser el mejor de mundo”. ¿Qué es ser el mejor del mundo, quiénes son lxs que le reclaman eso? Es interesante ver cómo tipos que nada se exigen a elles mismes, porque de hacerlo no serían tan cachivaches en lo suyo, se lo demandan a ‘Leo’ con el índice tieso cual la vara de la justicia. Messi no es culpable de nada, sino la gran víctima de un tumor que viene incubándose hace añares. ¿Cómo puede ser que no tenga ganas de jugar en la selección? El pibe no es un caudillo pero tampoco un lánguido, lo vemos cada domingo en el Barca. ¿Qué hicimos, o qué no hicimos, para que al genial ‘Leo’ ponerse la celeste y blanca en un Mundial le provoque tristeza, le represente cargarse un mochilón? Poco foco se pone en la massmedia en la dirigencia del fútbol argentino de los últimos veinte años, con el extinto Grondona incluido y con Tapia como el siniestro mascarón de hoy. Es triste pero posta que ya habrá algún grupo de facebook titulado Hartos de Messi y otro ¡Sampa volvete a Chile ya incluso con la zapán!, pero ninguno Cárcel a Tapia, Demonici, Macri re gato y su puta runfla. No vienen a engrandecer ni dignificar, han venido a vaciar. No tienen proyecto porque también carecen de amor al fútbol, están ahí para amasar el derrite que se llevan afuera, pero si mañana conformaran una lista quién te dice volverían a triunfar, mientras una mayoría de nuestra sociedad siga viendo en Macri sólo a un frío hdp que desprecia lo popular y no también a un tremendo saqueador.

Con el conjunto nacional colgado del pincel (aunque vivo, y cuidado si lo dejan vivo…) es más fácil agarrárselas con el tatuado Sampa, que sí, quizá no acumule pergaminos para dirigir a la Argentina y encima hoy la incoherencia le mina cada decisión, pero que tampoco es el culpable de este sismo deportivo, remarco, deportivo. (Nos encanta, nos erotiza buscar culpables, juzgar, patear a tipos cuando están en el piso.) ¿Cómo puede ser que ningún técnico quiera el trabajo de DT de nuestra selección, que debería ser uno de los más apetecibles del mundo? ¿Es porque Messi arma el equipo, como batió Carótida Bombardi, o porque es imposible trabajar así sin morir ‘carbonizado’? No es Messi el que se ‘come’ a los técnicos, es la carencia de un proyecto para el fútbol de selecciones. Si hasta entrenadores ‘domésticos’ se plantan y no ceden jugadores en la etapa preparatoria, y a más de uno de los que ahora fomentan sentar a Messi y a Samp en la silla eléctrica les parece fenómeno. Argentina ha tenido -incluso padecido, caso Bauza- una parva de técnicos desde que se fue Pékerman, que ya entró como parche de Bielsa, el último que duró con un plan. Amasó un excelente Mundial con jugadores ‘de su riñón’, con un Riquelme majestuoso al que tal vez cometió el error de cambiar frente a Alemania, cuando vencíamos 1-0 con solidez, y dejó el cargo. Pero claro, a quién le importa la dignidad, si la comimos en cuartos de final. En lo que sí somos campeones es en ingratitud, por lo que enseguida le chantaron a José la pesada mácula del fracaso. Así fue que terminamos exiliando a un profesional ejemplar. Después, oscuro berenjenal, bocha de DTs en pocos años y todos con ideas diferentes y hasta contrapuestas sobre el estilo futbolístico que una selección rica en recursos si mandara un ‘dibujo’ debería definir. ¿Cuál es el resultado a esperar cuando se enseñorea la confusión? ¿Cuál debería ser? ¿A quién se le ocurre esperar el sol si vivimos sembrando nubes? ¿Y si mejor aguardamos que llueva? ¿Qué cambia si Argentina revive y gana este Mundial? (No es que como ‘sobra’ material, el técnico que venga puede darse el lujo de elegir a qué jugar, y si después viene uno que pregona lo contrario, que avance con su idea. Si hubiera un programa serio, sería como en España: la selección tendría un estilo que soportaría la alternancia, y habría que buscar conductores que lo respetaran. Sería también una forma de cancelar la ancha avenida de los ‘emparchadores’, que ahora, cuando la celeste y blanca aún no fue eyectada del Mundial, ya se pavonean postulándose por tv. Es que en fútbol tampoco tenemos ‘políticas de estado’.) Así, hasta que de chiripa Alejandro Sabella armó un utilitario que arribó a la línea final en 2014. Sobre esa base se podría haber consolidado un modelo, pero la otrora manija (con Trobbiani y Ponce) del Estudiantes de Bilardo campeón de 1983 también se marchó. Parece que ser técnico de la selección argentina es como agarrar el envenenado micrófono de Carrió, y así encallamos en el tatuado Samp. El caos (no creativo) es tal, que más de cuatro pedían al tosco Caruso Bombardi, un dislate hermano de solicitar conformar un equipo sin Messi. Tan lejos ha ido este desbarajuste, que si cayera Sinatra por acá le quedaría la voz como al ‘Poroto’ Cubero.

 

Todos añoran que con Maradona era distinto, sentencian que el Diego sí que era un líder y minga lo ibas a ver caminando la cancha con la cabeza caída y cara de tragáme césped. Pero acaso si D10S apareciera en esta época y esta selección, mordería la tierra. Porque lo que no dicen es que siempre que venció -también perdió mucho, pero a las perdidas prefieren contárselas a Messi, a Maradona le facturan las de afuera de la cancha, que tienen para hacer dulce-, tuvo equipo alrededor. Incluido el de Bilardo, que poseía una idea, así sea la que uno milita cada minuto para combatir. Yo también milité que al Mundial del ’86 el ‘Pelusa’ lo ganó solito (la foto que esgrimía era la del segundo gol a los ingleses, una futbolera ‘toma de la bastilla’), que salvó al mediocre Carlos Salvador y que con Él cualquier equipo hubiese sido campeón, así lo hubiera dirigido una dupla conformada por el peinado Juan Alberto Odera Bucca y Arturo ‘Crespín’ Farache. Hoy reviso aquella certeza, se me hace añicos, te diría.

 

Párrafo aparte para el antropófago escuadrón de ‘periodistas’ deportivos que -con excepciones, como mi querido Miguel Osovi; lástima el programa en el que se debate bancando la parada del periodismo, sobre todo por ‘cabecita’ Ruggeri, un infumable de antología- ‘cubren’ el Mundial (con la inagotable crema rancia de su propia estulticia). Otra que el aluvión zoológico, son un auténtico grupo de tareas. Blablea cualquiera, para sacudir cualquiera. Aparecen ex jugadores rebuznando como si aún estuvieran en la cancha, lo que resulta insoportable. Peores aún son los ‘periodistas’ que bajan línea como si alguna vez hubieran pisado una cancha de verdad en pantalones cortos, y también es penoso escuchar a ex mediocres futbolistas ‘carneando’ a sus rutilantes colegas. Informan con audios, si no te filtran uno o te autofiltrás, no existís. Ruido, todo el que quieras, información, poquita. Brutalidad discursiva, caquexia argumentativa, barrabravismo de micrófono y patoteada, a raudales, reflexión, análisis y pausa, prácticamente nada. (En general, el periodismo deportivo argentino se divide en carniceros y serviles; tal vez el periodismo vernáculo en su mayoría, con excepciones que ya se tornan imprescindibles.) Si somos eliminados, lo único bueno será que más de cuatro de estos esperpentos van a tener que volverse, y seguirán gritándonos y gritándose desde acá, pero en la escala Richter de la estupidez impactará unos grados menos. Aunque si clasificamos será lindo (pasar a octavos sería hermoso per sé) ver cómo se las ingenian para coserse otra careta, cosa que sin embargo nunca les costó nada. ¿Sanfilippo vive? Es raro que todavía no lo hayan ido a ver, de tanto arrojar corchazos al aire Carucho va a terminar embocándose uno. ¿Chilavert está en el Paraguay? ¿Funca el cable coaxil?

 

Aunque no esté muerta y atájense si la dejan viva, lo de Argentina en Rusia dice hasta mi abuela que es la crónica de un final anunciado, y dice bien. Lo anómalo sería que le vaya joya. Porque el tema no es quedarla o resucitar, el tema es cómo (no) juega el equipo, cómo no parece un equipo. Dice Latorre que hay que jugar para ganar, pero en Argentina se gana para empezar a jugar, y dice bien. Ni siquiera cabe hablar de que el proyecto fracasó, porque no hay proyecto. Lo que fracasó es no tener un diseño y respetarlo, incluso en las malas, como hace Uruguay y ojalá haga Perú, con el que si se dan algunos resultados nos cruzaremos, pero en el aeropuerto, tal cual reza el ingenioso texto de unx de esxs patriotos que escriben ‘memes’. (Ni siquiera Brasil posee un trazado, no jodamos, que con Tité la pegó, hasta hace un rato la dirigía el picapiedras de Dunga.) Messi y Samp no son los culpables de nada, y tampoco el Caballero del enmantecado pie. Es que aunque ingresemos por la claraboya a octavos y trepemos a la final -bien mirado sería malo, porque la ‘antidirigencia’ intentaría seguir aferrada a la masilla y exprimiendo su sucio botín-, ahora sí que tocamos fondo y todo está perdido (no todo, aún falta perder con Nigeria, avisó otro esclarecido ‘meme’ que acaso su autor deba archivarse en alguna oquedad dentro de un rato). Salvo que, cito a Cortázar, aceptemos que todo está perdido y empecemos de nuevo.

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