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UN VISTAZO POR LAS CALLES DEL BARRIO - OPINIÓN

Maldición, no será un día hermoso

nov. 04, 2018 12:37

en Opinión

Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - Maldición, no será un día hermoso

¿Qué es más fuerte, el hambre o el odio?

No hablo de amor, hablo de hambre.

Me lo pregunto por Brasil.

Y por Argentina.

Si la alegría no es sólo brasilera, la tristeza tampoco.

Pero alguien ganó, y es Bolsonaro. Muches ganaron: en mirada simplona más de medio Brasil. Vendría a ser (no, mejor que no venga) la mitad que avanza, contra una minoría empecinada en sumergir en el pantano del atraso a una de las patrias mais grandes y coloridas do mundo. ¿Están alegres los votantes de Jair, o saciaron su odio con un nariguetazo de soberbia en polvo, para en un rato nomás volver a odiar? ¿El odio es un tacho de basura que un día se vacía, o una ametralladora de prejuicios, egoísmo, envidia, violencia y miedo que no agota su cargador por mucho que sea disparada? ¿La verdadera grieta es entre los que odian y no saben amar, y los que aman y no les sale odiar? ¿Y es mundial, y desde siempre (¿y para siempre?)?

 

Bolsonaro.

Bolsonegro.

Bolsonabos, lo que votaron. ¿Bolsonabos?

Bolsonamos.

Mauricio Macri.

Michael Myers.

Michael Macri.

Mauricio Myers.

Bolsonabos, votaron cualquiera. ¿Bolsonabos?

Los radicales, ni el cuchillo del humanoide. Ni el trapo que limpiará la sangre cuando los verdugos se marchen dejando su nueva montaña de cadáveres. Eso sí: pañuelos siempre impecablemente blancos, forever impertérritamente listos, para llorar al difunto.

Pero no son Bolsonegro y Mau Myers, somos nosotres. No digo que tenemos lo que nos merecemos, ni siquiera lo que se nos parece: tenemos lo que supimos permitir que nos encajaran. Nos da repelús formar parte de un relato, como si pudiéramos hacer dulce con tantas ideas propias. Por no integrar un relato inteligente, sensible y humanista, millones terminaron de catramina de uno tramposo, miserable, asesino. Espléndida jugada: por gambetear la lengua de Barone se estrolaron contra el abdomen de Lanata. De catramina no, de carne de cañón. Hoy siguen invitando a que esa envenenada construcción de la realidad y el mundo les penetre (mejor figura no se me ocurre), y nos la ponen (mejor figura no hay). Hasta que ya no quedará rincón donde balearse. ¿O estoy siendo gravemente inocente y no hubo estratagema ni confusión: el odio mata al amor, y es más fuerte hasta que el hambre? Acaso Javier Chiabrando pulse una tecla clave cuando inquiere: “¿Y si el fascismo/nazismo no hubiera sido un error histórico sino la más natural de las condiciones humanas?”. Tal vez seamos más malos que lo que estamos dispuestos a aceptar. Todavía hay muches que creen que el hombre es bueno por naturaleza… ¿Será así?

Lo que sí hemos aceptado es un embuste capital: vivir en una democracia ‘de mentira’. Hablo de Brasil, de Argentina, del que quieras. Si nos bancamos que gobiernos “democráticos”, en teoría populares, en nombre de la paz maten y encarcelen sin juicio… ¿Cómo se sale de esa ciénaga moral? La derecha es inteligente, tiene mejores reflejos y mayor capacidad de adaptación. Sabe sembrar urgencias, y en el piélago de la desesperación pesca en grande. De ese modo conserva la iniciativa y planta agenda. Todo, en un marco cruel, de dramático corrimiento del eje político hacia su wing: ‘inventó’ un mecanismo para hacernos tragar que respiramos democracia sólo porque cualquier runfla de delincuentes amasa dos votos más que el otro. “Los votaron, hay que respetar la voluntad de la mayoría y esperar turno”, te ubican los cívicos, siempre bajando del Monte Sinaí. Si tres cuartos de país están en contra, si un grueso porcentaje se esconde en el abstencionismo o la transpirada feta de salame, si la mafia votada (¡mafias con votos, y no es un oxímoron!) se les orina de risa a las leyes de la Constitución de su nación, aplasta a todas las minorías, ajusticia en nombre de la gran Justicia, desnuda a los vulnerables de lo último que les queda y deposita el volante de su colectivo en las ensangrentadas garras del capital internacional, que no tiene patria ni compasión, no importa, “es democracia” porque vencieron medio a 0. La derecha mantiene la habilidad de seguir vendiendo esperanza. Vende un futuro que nunca llega, pero sigue colocándolo como el pan de cada día en la mesa familiar, uno al que no le olfateamos ni la última trémula migaja. La reacción provoca inacción, vaya cosa curiosa. Nos encanta escuchar mentiras, las necesitamos para vivir, parece. Es como si tuviéramos la cara del ‘Ruso’ Verea, por goleada supiéramos que somos tirando a fulerones (por no ser muy duro con el gran Norberto), pero requiriéramos como el agua que alguien viniera a decirnos que con un jopito pal costado cualquiera nos confundiría con Delon.

 

El futuro llegó, hace poco. Todo un fierro, ya lo ves.

El que pintaban las más despiadadas distopías.

Se extinguió el perfume. Nos queda la tempestad. Maldición, va a ser un día horrible.

Tormenta en los ojos nos vela el mañana. Tormenta en los ojos, tormenta en mañana, diluvio en la fe. A esto lo estoy tocando mañana, dice Johnny Carter, el personaje de Cortázar protagonista de su cuento El perseguidor. Lo nuestro es nothing poético: a todo esto lo estamos ‘lloviendo’ ahora.

El mundo se cae, los niños se refugian en mudos violines.

La infancia menstrúa el infierno.

En una plaza cualquiera, un beso perdido decide hacerse malo.

Tanques incandescentes de sangres inocentes van a la guerra contra el amor.

El mundo se cae en ruinas tibias /demenciales abrigos /rictus de paz /mareas sangrando bajo una risa.

Ambrerrabia en cucharadas rojas.

El mundo se cae, vasija posmo donde los ricos depositarán el sucio billete de la moderna esclavitud.

‘Donde un ángel cierra sus alas /y llora’, en alusión a Bosnia escribió Spinetta en una hermosa y dolorosa canción. Hoy aquel ángel, envejecido, también cierra sus alas en este barrio del Globo, y llora. 

El mundo gotea espanto y se cae, se desmorona como un viejo campeón. Carne arrasada, ya casi sin bandera que limpie el último llanto, es todo lo que va quedando.

¿Todos a los botes? Nooo, ni ahí. Ni aún así. Ni con Bolsonamos en la otra cuadra. Ni con Mauricio Myers. Ni con el peronismo roto, buscando un malo que pueda ganar una elección que, desde esa perspectiva, ya está perdida. Sálvese quien pueda es hundámonos todes.

¿Todes a los votos? Sí. Aún así. Lo otro es cachar las armas. ¿Alguien está dispueste?

El mundo se desploma con sueños y todo, oíd el ruido de nuevas cadenas. ¿Son eternos los laureles que supimos conseguir?

Chino Castro

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