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Vacunate contra la estupidez

jul. 02, 2017 20:05

en Opinión

Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - Vacunate contra la estupidez

Las sociedades cambian, mejoran, crecen, suman derechos y libertades para sus miembros, también obligaciones, y esas son las reglas del juego en este mundo para que, con sus más y sus menos, las cosas sigan funcionando.
La lucha por adquirir nuevos derechos ha sido una constante a través de los tiempos, respondiendo siempre a las necesidades de la población de acuerdo a los contextos económicos, políticos, sociales, culturales. Y es bueno que así sea porque las realidades obligan a cambiar.
Lo que nunca me termina de cerrar es por qué en nombre de las libertades, sobre todo las personales, se cuestionan algunas cosas que si bien son individuales terminan importando a todo el grupo social. Cuando ésto pasa uno entra en una zona gris en la que se hace difícil advertir qué es más importante, o cuál interés es superior.
En los últimos días la diputada nacional por la provincia de Buenos Aires, por Cambiemos, la socióloga Paula Urroz ha presentado un proyecto para terminar con la obligatoriedad de las vacunas. Podría haber pensado algo más interesante, o menos peligroso.
Tenemos incorporado, la mayoría de las personas, que vacunarse es una forma de prevenir enfermedades, algunas de extrema gravedad que pueden hasta provocar la muerte o dejar terribles secuelas. Atendiendo a ello el Estado ha previsto un calendario de vacunación obligatoria, al que con el transcurrir de los tiempos, se les han sumado nuevas vacunas y recuerdo un ejemplo personal, cuando nació mi hijo mayor no era obligatorio (era optativo y los pediatras lo recomendaban) vacunar contra la meningitis, de modo que quienes quisimos hacerlo debimos comprar la dosis por cuenta propia ya que no se administraba en los vacunatorios oficiales. Cinco años después, al nacer mi segundo hijo, esta vacuna era obligatoria.
Nos enseñaron en casa y en la escuela aquella historia de Sabín, que con dos gotas nos evitaba la Poliomielitis, nada más ni nada menos. Enfermedad que quitó la vida a miles de personas en el mundo y dejó a muchos con graves secuelas y que hoy está prácticamente erradicada, quedando muy pocos países con casos de este mal. Ese logro, grandísimo en materia de salud pública fue gracias a la prevención por la vacunación, y aquí no opino, me remito a los que dicen la OMS, UNICEF.
La salud, la prestación de salud, ha evolucionado favorablemente en los últimos años, tanto con la investigación como con la incorporación de la tecnología que permite reparar situaciones impensadas hace no tanto tiempo. Podemos discutir horas si hay o no hay un negocio detrás de esto. Y sí, estamos en un mundo capitalista, los laboratorios farmacéuticos son empresas que ganan dinero con la salud, pero también es cierto que la salud es un bien que para cuidarlo la prevención es la mejor inversión.
La actualidad nos ve incursionando en tendencias de vida sana, que promueven dietas naturales, ricas en vitaminas, nutrientes, minerales y todo aquello que se científicamente se ha conocido es bueno para el cuerpo humano; también propuestas de actividad física, de relajación y hasta de meditación. El fin siempre es el mismo: estar mejor, vivir mejor, vivir sanos. En ese contexto ¿Qué lleva a las personas a creer que alguien cercena su libertad por obligarlo a vacunarse?
No entiendo a la obligatoriedad de la vacunación como una imposición sin sentido sino por el contrario como tendiente a cuidar nuestra salud pero también la salud pública, es decir ese bien superior que es el bienestar de la mayor cantidad posible de personas.
Personalmente me suena muy inocente que alguien crea que su hijo será más sano si no le ponen vacunas, es más, hasta creo riesgoso e inclusive irresponsable esa postura, porque en todo caso cada quien podrá optar por su vida, pero no por las ajenas, entre las que se incluyen los hijos. Además, si manteniendo vacunada a una importante porción de la población aún hay enfermedades que matan qué nos hace pensar que esto no aumentará si la ecuación se invierte.
Quitar la obligatoriedad al calendario de vacunación no es una buena idea, no es respetar ninguna libertad, no es una conquista social, ni personal, es lisa y llanamente un retroceso a pasos agigantados hacia el pasado y se pagará con vidas inocentes. Algunos esperamos que los legisladores, que no brillan por luz propia, esta vez actúen con sensatez porque no se trata de evitar obligaciones impuestas por el Estado, sino de valorar la salud de todos.No somos unos antiguos ni oprimidos por vacunarnos, por el contrario. De paso bien vendría que crearan una vacuna contra la estupidez, a algunos les está haciendo falta.

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