11 de octubre de 2023

Espectáculos

Espectáculos. Cuando la melodía se hace carne y late con el corazón


-"Quería escribir una carta para explicar las canciones de mi padre" y le salió un libro que trascendió las fronteras. "Nos arreglamos en cualquier lugarcito" y LaCultural Biblioteca explotó de gente. "Llevo alguien que me acompañe" y armó un panel de lujo con Claudia, Marta y Horacio. "Un encuentro chiquito, familiar" y no se me ocurre cómo calificar lo que vivimos en la presentación de Canciones para Joaquín.





Me permito robarle las palabras a Gisela Holgado, bibliotecaria de La Cultural, nexo y familia de Alicia, la autora de ‘Canciones para Joaquín. Recuerdos de un inmigrante’, el libro que se presentó el viernes en un espacio colmado de gente, de afectos. Y es que lo que se vivió esa tarde-noche fue un encuentro de una calidad y una calidez singulares, de esos que se sienten como un bálsamo en estas épocas tan áridas, carentes de afectividad verdadera, tan vacuas y sin emotividad. Claudia, Marta y Horacio, a quienes nombra Gisela como parte del panel de presentación, aportaron lo suyo en este espacioencuentro.





Claudia Herrero Valtuille, presidenta de la Agrupación Castellano y Leonesa fue quien introdujo la obra; Marta es nada menos que Marta Schwindt, reconocida payadora de renombre nacional, sobrina de Alicia - hija de su hermana mayor-, ambas, a su manera, impulsaron a la autora a la aventura de editar esto que comenzó siendo una carta; y Horacio es otro de los 12 Holgado que conforman este clan tan musical.









‘Canciones para Joaquín. Recuerdos de un inmigrante’, tal como contó Alicia ante el numeroso auditorio que la escuchó con profundo silencio -silencio que denotó la escucha atenta y sincera que generó su relato-, nació de una ilación de hechos. El primero, el fundacional, fue el pedido de un filólogo que la escuchó cantar las canciones que Colacho, su papá, un inmigrante español que había llegado a nuestro país a principios del siglo pasado, les cantaba a esa docena de hijos que se sentaba en sus rodillas mientras refrescaba sus pies cansados de tanto trabajar en el campo.





Alicia estaba por ese entonces en Venezuela, acompañando a su esposo -Abel Zabala- en un congreso. Un catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Maximiliano Trapero, especializado en el romancero y la oralidad, la oyó y le pidió que se las copiara. Y es que el repertorio que quedó grabado en la memoria y la sangre de Alicia y sus hermanos fue parte de lo que la censura ‘borró’ en España, y se fue perdiendo en las nuevas generaciones.





En ese mismo contexto, Marta, su sobrina, que también asistía al congreso, le puso sones de guitarra y entre ambas las cantaron, y pasaron al interesado ambas versiones: escrita y musicalizada. Al tiempo fue la propia Marta quien le pidió que le copiara esas ‘Canciones para Joaquín’, su nieto quien por entonces tenía 7 u 8 años, y hoy es un joven de 22 que aprendió a querer esa melodía tan cara a los afectos de sus antecesores.





Y como Alicia es maestra, jubilada ya pero con su alma docente intacta, le escribió una carta a Joaquín, contándole –en un lenguaje propio para su edad- sobre esas canciones, pero sobre todo acerca de Colacho, quien supo cómo hacer que todos sus hijos amaran esa música y supieran pasarla de generación en generación; acerca del pueblo en el que nació en España, y en los motivos por los que tuvieron que dejar su tierra para venir a fundar una nueva tierra aquí y hacerla su hogar; acerca del barco en el que vino con tan sólo 13 años.





Y acerca de Ibarra, donde los 12 hermanos Holgado nacieron, crecieron junto a un sinnúmero de familias, muchas con inmigrantes (españoles, portugueses, italianos), con criollos, con quiénes se formó un lazo indisoluble nacido al calor de ese pueblo entrañable que perdura al día de hoy. Claudia Herrero Valtuille fue otro nudo en ese hilo que fue tejiendo el libro; ella convenció a Alicia que Ibarra y todo lo que implicaba para ella no podía estar ausente en ese hermoso relato, tan cargado de amor. Y así fue como ‘Canciones para Joaquín’ pasó de ser una carta para un niño, a un relato para compartir con la familia, hasta que tomó la forma de libro que ‘se le escapó de las manos’ para llegar a las de muchos que lo leerán conmovidos.





Es que es una pieza literaria que habla de la inmigración, de todo lo que implicó ese desarraigo en quiénes tuvieron que dejar ‘su lugar’ para formar otro en un territorio lejano. Esas canciones, esa cortina musical de la vida de Alicia, de los Holgado, pero también de tantos inmigrantes, de tantos ibarrenses, comenzó a sonar en La Cultural el viernes por la noche.





Marta y Alicia comenzaron, y el coro que fingía ser público comenzó a corearlas, primero despacio, después cada vez más fuerte, y luego a viva voz y con aplausos. Fue una tarde-noche hermosa. Los que la vivimos sentimos esa emoción, esa comunión de almas, ese profundo cariño. ‘Canciones para Joaquín’ puede darles una idea del por qué. Los invito a leerlo.


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